Agenda bonaerense

05/01/2021

Mar del Plata estrenó burbujas sociales vip en las playas del sur

Reúnen hasta 10 personas por "living" a cielo abierto; son espacios con protocolos sanitarios y una movida más tranquila que otros años

Con sus bikinis coloridas y el cabello al viento, dos amigas se sientan sobre las pequeñas banquetas tapizadas de verde. 
Otras dos se acomodan recostadas sobre el sillón de madera blanco, bien cerca todas para entrar en cuadro. Ajenos a esa selfie tan producida, los hombres del grupo esta vez se refugian bajo la sombrilla, unos de pie y otros en el camastro de la cabecera, allí donde el reparo alcanza a la mesa en la que la frapera acaba de recibir una recarga de hielo y otra botella de champagne para descorchar. 

Son ocho y podrían ser hasta diez en esa suerte de living a cielo abierto. Un box, corralito o, como estos tiempos reclaman llamar, una "burbuja social" donde este puñado de parejas, turistas y compañeros en esta escapada de fin de semana eligieron cuidarse en épocas del nuevo coronavirus Covid-19 sin dejar de lado la posibilidad de estar en la playa y divertirse. 

Pensados en principio como inédita platea para shows musicales que se presentarían allí mismo durante las madrugadas, estos espacios que propone el parador Mute, al sur del Faro, son ahora la innovación más pintoresca que tiene la costa marplatense en estos días de verano en pandemia y poco a poco empiezan a encontrar a su clientela. 

Son 97 lugares de poco más de diez metros cuadrados, cada uno atendido por un mozo, de manera de reducir la circulación y el cruce de gente en los pasillos y espacios comunes. 

¿Cuánto cuestan? Por el día, cada persona debe pagar 2500 pesos, con la posibilidad de canjear el 50% por consumiciones. "La intención es que quede a la vista este concepto de burbuja social y que se sientan a gusto, como en casa y seguros", explica Ariel Gambini, uno de los responsables del lugar. 

Frente a los boxes, del otro lado de la valla, el DJ insiste con ritmos de música house, sin estridencias pero con el ritmo suficiente como para que en distintos momentos de la tarde se puedan dar algunos pasos de baile entre amigos, sin salir de los límites del cerco de madera que abriga a cada grupo y lo protege de un eventual contagio. 

"Veníamos acá en otras épocas, cuando solo había camastros repartidos sobre la arena, y esta propuesta de corralitos nos pareció fantástica para compartir tragos y tomar sol solamente entre amigos", contó Mariana Gavilán, de la Capital Federal, que vino a recibir el Año Nuevo con sus primos y juntos pasaron el día en uno de estos boxes. 

Para un chapuzón en el mar hay que caminar casi 100 metros y atravesar la playa pública, muy cerca de donde otro grupo de chicos comienzan a improvisar una reunión con parlantes portátiles. "Preferimos alquilar uno de estos espacios y estar tranquilos, lejos de los amontonamientos", destaca Sofía, de 24 años, tatuada desde el cuello hasta los tobillos y de vacaciones con sus dos hermanas, padres y abuelos. 

"En casa hay gente grande y lo único que nos pidieron es que nos cuidemos mucho para no enfermarlos a ellos", explicó. 

Instalarse en esas burbujas, en este ámbito de playa, no equivale a aislarse. Si bien cada grupo busca y tiene su intimidad, bien pueden cruzarse con otra gente en pasillos, áreas comunes o camino a la playa para meterse en el mar. "Lo bueno es que si te quedás en tu corralito nadie te molesta, es tu lugar", detallaron Tobías y Mariana, una pareja de 24 años de La Plata, mientras tomaban jugos y compartían una ensalada con otras dos parejas de amigos. 

La oferta del parador incluye la posibilidad de tener gastronomía dentro del box. También está la opción de caminar hasta la unidad de servicios, donde funciona el restaurante, y nutrirse de comidas rápidas en dos food trucks. Para refrescarse, a unos pocos pasos, hay dos piscinas circulares, estilo australiano. 

Con un perfil de clientes de 20 a casi 40 años de edad, por Mute también asoman algunos grupos familiares. Aunque el grueso de quienes caminan por esas arenas son jóvenes que suelen acercarse recién a media tarde, luego de un largo y necesario descanso tras días de playa y noches tan divertidas como prolongadas. 

"La música ha sido siempre parte de la identidad del balneario y suena a toda hora, pero ahora con ritmos muy tranquilos", señaló Gambini para destacar el clima actual del lugar. En esas mismas arenas, en temporadas anteriores sin restricciones sanitarias ni protocolos para evitar contagios de Covid-19, había DJ invitados y cientos de jóvenes que se acercaban a bailar. Hoy la historia es otra, con más calma y en un contexto de mayor moderación. 

El mismo parador también dispone de un sector equipado con líneas de carpas tradicionales, similares a las que Mar del Plata tiene en la mayoría de sus balnearios privados. Y algunas sombrillas, que se pueden disponer sobre la orilla. Pero las "burbujas" son, en este arranque de temporada, el producto más pedido. 

 

Fuente: La Nación

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