Agenda del día

05/04/2020

Agenda de la Mañana

Agenda de los diarios

 

Alberto Fernández anunció que la salida de la cuarentena será gradual

 

 

Clarín: A partir del 13 de abril, habrá una salida gradual de la cuarentena. 

Alberto Fernández dijo por radio Mitre: ?Tenemos previsto que el domingo próximo se termine la cuarentena?. El cambio será gradual, sólo para algunas actividades y se monitoreará ?día a día?. Seguirá habiendo clases, atención estatal a distancia y los adultos mayores mantendrán el aislamiento. Se coordinará con los especialistas en salud, empresarios y gremios. La razón fundamental es el parate económico. Ayer hubo 98 contagios y una muerte.

La Nación: Flexibilizan la cuarentena tras Semana Santa, pero no se retoman las clases. 

El presidente Alberto Fernández confirmó ayer que a partir del 13 de abril el aislamiento total dispuesto por decreto y ampliado hace una semana empezará una nueva etapa, con mayor flexibilidad. Aunque el Gobierno todavía no definió todo el esquema, el mandatario explicó que se liberarán ciertos sec-tores productivos, hoy restringidos.

Perfil: Cuarentena para rato: La salida será gradual y solo se ampliarán excepciones.

 

Crónica: Sábado de super acción en Olivos. 

Con Alberto a la cabeza, el gabinete económico debatió la asistencia para el pago de salarios, una línea de créditos y la flexibilización de la cuarentena, que será gradual y por ahora sin clases ni fútbol, a partir del 13 de abril.

Popular: La salida de la cuarentena será paulatina y sin clases. 

El Presidente afirmó que la salida del aislamiento que rige para mitigar el avance del coronavirus ?será en forma paulatina y muy cuidadosa?, y dijo estar ?enojado, preocupado y molesto? con las aglomeraciones y filas que se registraron el viernes en los bancos. Rechazó pedidos para bajar sueldos de funcionarios: ?Sería un acto muy demagógico?. Las clases no comenzarán el 13 de abril.

Otros temas

 

Lanziani, en problemas.

El secretario de Energía, en medio de un caso de ruptura del aislamiento. (Clarín)

Después del caos, los jubilados pudieron cobrar.

Luego de los trastornos del viernes en los bancos, ayer mejoró la organización. Fueron clave la separación por número de DNI y la colaboración de intendentes en el Conurbano. Hubo críticas por las sillas de plástico que favorecen al virus. (Clarín - Perfil - Crónica - Popular)

Las mentirijillas de Morales.

El micro con 61 extranjeros que llegó de Jujuy ya es un escándalo internacional. Los embajadores de Colombia y Perú aseguran que nunca autorizaron el traslado de sus ciudadanos hacia Buenos Aires.  (Página 12)

Con 98 nuevos contagios, los casos saltaron a 1.451 en el país,

Noticias alentadoras llegan de Italia y España. En EE.UU la situación empeoró. (Crónica - Popular)

Agenda Política

 

En la cuerda floja, el kirchnerista Vanoli resiste pese a los pedidos de renuncia.

El titular de la ANSeS quedó en el centro de la críticas junto a Pesce y el gremialista Palazzo por el caos del viernes con los jubilados. Fue funcionario de Cristina y hoy lo respaldan aliados del Papa y Santiago Cafiero. Desde la oposición, reclaman su renuncia. (Clarín)

Agenda Económica

 

Se pierden unos US$500 millones diarios.

La economía argentina, ya golpeada por una crisis de años, podría estar entre las mayores víctimas de la pan-demia. Por cada día de paralización por la cuarentena, pierde entre 500 y 1000 millones de dólares, según un cálculo elaborado ?a trazo grueso? por economistas. Esas pérdidas se traducirían en un impacto profundo sobre el PBI anual, que caería entre dos y tres puntos porcentuales más de lo que ya estaba previsto. (La Nación)

La Entrevista

 

Héctor Daer, Secretario General de la CGT.

"Vamos a hacer un nuevo Estado"

(Página 12)

Internacionales

 

EE.UU. ya superó los 8.000 muertos y las morgues no dan abasto.

Con más de 300.000 contagios, se convirtió en el epicentro de la pandemia. Los hospitales están saturados.  (Clarín- Perfil)

Señales alentadoras en Italia: bajan las muerte.

Italia empieza a encontrar señales alentadoras en medio de la devastación que genera la pandemia del nuevo coronavirus. Las autoridades informaron ayer una ralentización en la cifra diaria de muertos por Covid-19 y que la cantidad de pacientes en cuidados intensivos cayó por pri-mera vez, un dato que les da aire a los colapsados hospitales del país. Luego de tres días en los que la cifra de muertes por el virus superó siempre con creces las 700, ayer se registraron 681 decesos. (La Nación)

Columnas

 

Joaquín Morales Solá
La enfermedad, la economía y la catástrofe

La Argentina camina desordenadamente hacia el pico de la pandemia. Pero ¿cuál y cuándo será el pico más alto? Nadie lo sabe. Ni siquiera se sabe cuántos infectados hay ahora realmente, aunque se calcula que son entre 3000 y 4000 más de los que se conocen. Los análisis que se difunden pertenecen a los infectados de hace cinco días. Los países europeos más castigados (Italia, España y Francia, en ese orden) ven subir y bajar el dramático índice diario de infectados y de muertos. Cualquier pronóstico fracasa. Los Estados Unidos están igual o peor. Los neoyorquinos están en cuarentena, pero el número de infectados no deja de aumentar.
El mundo ha decidido aplicar un keynesianismo al revés: ayuda a las empresas a sobrevivir para el día después de la epidemia. No hay una crisis de demanda, que es lo que inspiró la teoría de Keynes sobre la ayuda del Estado para reactivar la economía, sino un shock de oferta, porque las empresas están paradas por la cuarentena casi universal. Aquí, Alberto Fernández decidió un camino contrario: confrontar con las empresas y tomarlo de la mano a Hugo Moyano, el dirigente sindical más polémico. A Moyano lo critican la izquierda y la derecha con la misma intensidad; lo persiguen los jueces por supuesta corrupción, y no cuenta ni siquiera con el respaldo de la corporación sindical, que es genéticamente corporativa.
Raro en un presidente que tuvo el instinto político de rodearse de un equipo de sanitaristas idóneos y dejar atrás las divagaciones de su ministro de Salud, Ginés González García. El ministro comenzó restándole importancia a la pandemia porque aquí, dijo, lo que importaba era el dengue y el sarampión. Luego, describió al nuevo coronavirus como una gripe común. Por esos días, el Presidente asumió el liderazgo de la crisis sanitaria y ordenó una cuarentena inmediata, en tiempos más rápidos que otros países, porque es la medida que mejores resultados dio en el mundo. Tan distraído estaba el ministro de Salud que compró los kits para los tests del coronavirus el 18 de marzo. El 20 de marzo, apenas dos días después, el Presidente dispuso la cuarentena. Ya entonces había una sobredemanda de kits en el mundo. La Argentina accedió a 50.000 kits para hacer la prueba y podría comprar otros 50.000 en los próximos días. González García anunció una donación de 200.000 kits, pero no especificó quién donará ni cuándo. Serían, si son, 300.000 kits en un país de 44 millones de habitantes. Nada. La Organización Mundial de la Salud aconseja "pruebas, pruebas y pruebas" para saber quiénes están enfermos y quiénes no y poder, así, empezar a salir de la cuarentena. Lo peor, dice la OMS, sería salir de la cuarentena para volver a entrar en ella poco tiempo después. Por eso, las pruebas son esenciales.
A pesar de que los primeros síntomas de lo que luego sería una pandemia aparecieron en diciembre en China, en marzo la Argentina no tenía suficiente stock de barbijos y guantes médicos. Luego salió a comprarlos, pero también ya había sobredemanda en el mundo. Además, los barbijos para detener el coronavirus son más sofisticados que los que usan los cirujanos. Y poner en riesgo a los médicos y enfermeros tiene dos malas consecuencias. El contagio de ellos suma enfermos y, lo que es peor, le resta profesionales al sistema sanitario. Se habla mucho de los respiradores artificiales (el gobierno federal prácticamente intervino la fábrica cordobesa de esos respiradores), pero se habla poco de los médicos preparados para manejarlos. Son, por lo general, los especialistas en terapia intensiva, que son escasos. No sería un problema si se dispusiera un aprendizaje rápido de otros médicos. Pero hay que hacerlo. El coronavirus no es como una gripe, aunque sus síntomas sean parecidos. Ninguna memoria recuerda que una gripe haya colapsado hospitales, sanatorios, crematorios y cementerios, como está sucediendo en Europa y Estados Unidos.

Jorge Fontevecchia
La enseñanza

Las imágenes de las largas colas de los jubilados frente a los bancos transmitidas por la televisión tuvieron en las audiencias un efecto disruptivo com¬parable a las imágenes de los cortes de rutas durante la crisis del campo tras la 125. Fue un mazazo al ánimo de unión nacional que había catapultado la figura del Presidente como eficaz comandante de la guerra contra el coronavirus, empujando sus índices de aprobación a niveles impensados para una figura poco carismática como la de Alberto Fernández. Pero como cualquier desgracia tiene algún efecto positivo, y en este caso es quitarle a la sociedad la expectativa malvinera de ?estamos ganando? de la que tan rápidamente nuestra sociedad es proclive como cualquier otra que, aplastada por una suma de fracasos, se aferra a la esperanza de cualquier éxito con imperiosa y comprensible necesidad. Preparar a la sociedad para lo que viene, una de las etapas más difíciles en materia económica que haya atravesado el mundo desde la Segunda Guerra, tendrá también carácter de salud pública, en este caso mental y emocional, porque las generaciones que hoy habitan el planeta no tienen memoria de las crisis mundiales de la primera mitad del siglo pasado. Mientras los economistas discutían si la recuperación después de que ?pase? el coronavirus sería en ?V? o en ?U?, vertiginosa o lenta, aparecen hipótesis de que sea en ?L?, convaleciente, y que pueda demorar una década recuperarse, como fue en 1929 a pesar de los estímulos del New Deal, que no produjeron efecto inmediato. Eso en un mundo, donde cada semana se modifican a la baja las previsiones de caída del producto bruto: para el segundo trimestre, en lugar del 10%, del 15%; y del desempleo en Estados Unidos, de cifras inimagi¬nables de hasta un 30% en lugar del 20%, como las del crack de 1929. En Argentina la situación es aún peor porque antes del coronavirus ya estábamos en el subsuelo económico, empujándonos ahora a profundidades desconocidas. Un consuelo es que Argentina tiene un ?colchón? para imprimir dinero porque durante un año Macri, con Dujovne de ministro de Economía, no emitió dinero mientras acumulaba una inflación del 50% y se podría haber emitido en esa proporción. Las largas colas en los bancos también demostraron que, por apego a costumbres del pasado y por el temor que genera el coronavirus a que cajeros automáticos quedaran sin fondos y hasta los bancos tuvieran problemas operativos, hay en la sociedad una demanda mayor de cash. Contribuyendo a que una emisión en el mes de abril en términos reales del 50% no genere una hiperinflación (abril 2020 contra abril 2019 comenzó en 70%, lo que en términos reales fue 20%, por el 50% de inflación). Tampoco podría producir en el mundo un aumento inflacionario porque, a diferencia de la crisis de 2008/2009, donde tampoco lo produjo el quantitative easing (ex¬pansión cuantitativa de la oferta de dinero), esta no es una crisis financiera sino una crisis simultánea de la demanda y la oferta donde al mismo tiempo se consume y se produce menos. Una didáctica metáfora del quantitative easing (?tirar dinero desde helicópteros?) fue acuñada por el célebre economista que recibió el Premio Nobel de Economía en 1976, Milton Friedman, en su libro The Optimum Quqntity of Money and Other Essays (La cantidad óptima de dinero y otros ensayos). Pero si todo se pudiera solucionar ?tirando dinero desde helicópteros?, los bancos centrales podrían ganar el Premio Nobel de Medicina al solucionar todos los otros problemas de salud pública que generará el coronavirus. El dinero es un medio de intercambio, no produce lo que se intercambia, produce una promesa de posibles intercambios pero no es algo mágico que soluciona todos los problemas de la economía y, por más esfuerzos que hagan los bancos centrales como bomberos planetarios, aun cuando se apague el fuego vendrán tiempos difíciles. Y hay que preparar emocionalmente a la sociedad para el esfuerzo que será necesario hacer para reconstruir el daño económico que dejará la lucha por minimizar las muertes por coronavirus.

Mario Wainfeld
Lecciones de la crisis

Los gobernantes son responsables por las consecuencias de sus actos, aunque no las hayan buscado, ni querido. El apotegma de Max Weber cuadra perfectamente a la suma de fallas graves cometidas el viernes. Se resintió el cumplimiento de la cuarentena social. Sería ruin y obtuso culpar a los miles de jubilados y beneficiarios de la AUH que hicieron colas durante horas para cobrar sus haberes.
Las colas ante los bancos eran predecibles, se habían anticipado en la semana anterior. Muchos jubilados están bancarizados pero no todos se dan maña para hacer extracciones del cajero automático con soltura. Cualquier persona que vaya de vez en cuando ve a empleados ayudándolos. Para memoriosos: la escena evoca a cuando en tiempos de híper o de inflación alocada muchas personas no ?entendían? qué valor tenían los billetes (aunque estaba impreso). Los identificaban por colores: ?un azul? o ?un ?marrón?.
Aun así, cajeras de súper o mercaditos ayudaban a hacer la cuenta o los sacaban de la billetera de la clientela.
Ahora hay estanflación, aislamiento y crisis sanitaria acumuladas en un mes o algo así. Cambios en el laburo, en la vida cotidiana, temores, prohibición de abrazarse, tomar mate. El conjunto impacta en la psiquis, altera los nervios, descompensa. En lo material acicatea la necesidad o la compulsión de estar provisto.
Para sectores de medianos recursos: el frízer repleto, efectivo, crédito en los celulares. Para los más necesitados: juntarse con la plata cuanto antes.
Medió mala praxis por no prever la aglomeración. Quizá en responder con más energía el mismo viernes? este cronista tiene más dudas al respecto porque cualquier movida (ya con la gente esperando y tensa) podía resultar contraproducente.
El número de ciudadanos que fueron expuestos al riesgo es discutible.
Clarín lo calcula en un millón de personas. La Nación, en decenas de miles. No es lo mismo pero en cualquier caso son demasiadas. Jamás debió suceder.
Faltó gestión, faltó política.
Debe anticiparse-garantizarse que no se reiterará en próximos pagos. El presidente Alberto Fernández se comprometió, podía haber elegido el atajo de pedir renuncia a funcionarios implicados.
Esas medidas integran la caja de herramientas disponible.
Resulta más acuciante resolver el día a día.
A título de opinión: uno piensa que la falla fue más general y desafía al Gobierno. Imposible disponer esa movida sin un equipo ?preventivo de crisis? con una cabeza que decida en el momento.
Se habla de guerra, imagen válida hasta un limitado punto. No la hay para decretar estado de sitio. Para limitar la libertad de expresión. La comparación debe servir solo para pensar cómo se toman ciertas decisiones, cómo se organiza cada operativo, quién manda si algo se desmadra.

Eduardo Van Der Kooy
Alberto, en un cuello de botella

Resultó llamativo el encomio con que Alejandro Vanoli, el titular de la ANSeS, explicó en estos días la eficiencia del organismo que comanda para conceder un subsidio de $10 mil a fin de mitigar las graves consecuencias económicas de la pandemia.
Se trata de una suma por debajo de la que en esta emergencia conceden Perú y Brasil. Se inscribieron para percibirlo más de 12 millones de personas. Otros 3 millones se sumaron a la demanda de alimentos que ya reciben 8 millones. Lo informó el ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo.
La fotografía desoladora describe una parte de la crisis social. Combinada con los datos del INDEC sobre la profundización de la pobreza en 2019. Los augurios para el primer trimestre del 2020 son dantescos. Para añadir penumbra, ni el Banco Central, ni el gremio bancario, ni la ANSeS previeron que luego de más de dos semanas de cuarentena, la gente con más necesidades y edad asistiría en masa a cobrar sus haberes. Se las sometió al ultraje y al peligro de un contagio mortal.
Sobre esa plataforma viene aterrizando el coronavirus que pondrá a prueba la solvencia o no del sistema sanitario. ¿Hacía falta, frente a tal panorama, castigar la precaria armonía política? ¿Hacía falta enrarecer el funcionamiento futuro de la institucionalidad? Alberto Fernández, el primer disruptor, debería recapacitar. Otra cuota, aunque menor, correspondería a la oposición.
Unos y otros estarían manipulando fuego en el momento en que la crisis global y local se está profundizando. La mecha resulta cada día más corta. Los informes que el Presidente posee sobre los posibles efectos de la pandemia en el Conurbano son aterradores.
Fueron aportados por intendentes del oficialismo y la oposición. En simultáneo, en apenas una semana, Alberto deberá tomar una decisión sobre la cuarentena cuando la realidad exhibe un dramático cuello de botella: el irrefutable cuidado de la vida se aparea con una economía moribunda incapaz de reaccionar con los paliativos instrumentados.
Buenos Aires acumula dos dificultades.
La grave problemática social, que el peronismo y los demás incubaron por décadas, y una falta de destreza política de Axel Kicillof.
El virus que despuntó en distritos más o menos acomodados (Vicente López y San Isidro) se ha empezado a esparcir en zonas donde la pobreza convive con la marginalidad.
Moreno está ahora a la cabeza del ránking.
Un intendente de la zona oeste reflexionó en un diálogo con este periodista: ?Si cuando un delincuente es herido por la policía sus compinches lo llevan a punta de pistola a un hospital, ¿qué harán si se enferman con el virus??. Describía la hipótesis de una comarca sin control.
Otro dilema de aquellos dirigentes es la falta de dinero. Cajas municipales vacías porque la gente tiene imposibilidad de pagar impuestos. El fenómeno se visualiza incluso en regiones sociales sin tanta estrechez. Un ejemplo: Vicente López recauda en promedio $18 millones de los comercios con vidriera a la calle; en marzo ingresaron apenas $2 millones.

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