Acceda a las Tapas Tema del día Alberto Fernández, presidente Le ganó a Macri en primera vuelta 48,11% a 40,36% La fórmula de Alberto Fernández y Cristina Kirchner consiguió el triunfo sin balotaje con un caudal apenas superior al cosechado en las PASO. Fue determinante la provincia de Buenos Aires, donde Axel Kicillof se alzó con la gobernación. El oficialismo, con Mauricio Macri y Miguel Pichetto, remontó buena parte de la diferencia de las primarias y sumó 2, 5 millones de votos. Además, retuvo ampliamente la Capital y revirtió la derrota de agosto en provincias clave.
Consenso Federal, de Roberto Lavagna, quedó tercero, lejos. Macri felicitó al presidente electo y desayunará con él en la Casa Rosada a las 8.30. Capital, Córdoba, Santa Fe, Mendoza, Entre Ríos y San Luis Fue el sector clave para la victoria del Frente de Todos El macrismo mantuvo La Plata, Mar del Plata y Bahía Blanca
Clarín: Después de cuatro años, el peronismo recupera el gobierno nacional. La Nación: El regreso del kirchnerismo. Desde hoy negocia con Macri la transición. Página|12: Nace otro país. Alberto Fernández y Cristina Kirchner ganaron en primera vuelta con el 48% de los votos. El Cronista: Alberto fue electo Presidente y arranca una transición difícil. Ámbito: Hereda una de las crisis más duras y dramáticas desde 1983. El Economista: Ganó pero sin goleada. Obtuvo 12,3 M de votos, 2 M más que Macri. Agenda económica Endurecen el cepo: sólo se podrá comprar US$ 200 por mes y por persona Tras conocerse el resultado electoral, el Banco Central dispuso anoche endurecer los límites a la compra de dólares por parte de particulares. El nuevo cepo cambiario, surgido de una inusual reunión del directorio de la entidad, establece ese límite en US$200 por mes para las compras mediante cuenta bancaria y en US$100 para las compras en efectivo. Según anunció el Central, la medida regirá "transitoriamente" hasta diciembre, cuando cambiará el gobierno. Clarín -La Nación - El Cronista - Página|12 - Ámbito- El Economista Elecciones 2019 Provincia Kicillof, gobernador por 18 puntos. Venció a Vidal y recuperó para el peronismo el distrito más populoso. Clarín - La Nación - El Cronista- Ámbito - El Economista Ciudad Larreta arrasó y fue reelecto. Le sacó 20 puntos a Lammens y evitó el balotaje.
Clarín- La Nación - El Cronista - Ámbito Cámara de Diputados - Juntos por el cambio 119 - Partido Justicialista Kirchnerismo 108 Consenso Federal 7
Cámara de Senadores - Partido Justicialista kirchnerismo 39 - Juntos por el Cambio 28 Clarín - Ámbito Otros temas Uruguay irá a balotaje con la derecha como favorita Aunque se impuso el oficialista Martínez, el opositor Lacalle Pou logró el vital respaldo de sus rivales. Ámbito El Personaje El "Joker del conurbano" El insólito hecho tuvo lugar en Lanús. Muchos cuestionaron que se le permita votar con la cara maquillada. Y eso, lógicamente, despertó comentarios a favor y en contra. La Foto Rodríguez Larreta obtuvo el mejor resultado electoral para el oficialismo Un triunfo aplastante proyecta a Larreta como el referente nacional de la oposición. Columnas Un nuevo mapa que plantea el equilibrio de poder Por: Carlos Pagni El electorado resolvió ayer garantizar una virtud estratégica del sistema político. El equilibrio de poder. Alberto Fernández y Cristina Kirchner reconquistaron la conducción del Estado. Pero no podrán fantasear con una nueva hegemonía. Aunque Mauricio Macri no consiguió la reelección , Juntos por el Cambio logró recuperarse hasta quedar frente a un horizonte muy competitivo. El nuevo mapa es un enorme desafío para Fernández, el nuevo presidente. Sobre todo porque dentro de ese marco deberá operar sobre una economía turbulenta. Un contraste llamativo con la experiencia que protagonizó en 2003, cuando Néstor Kirchner emergió del vientre del duhaldismo, que le dejó la herencia de un orden material recuperado. Los argentinos expresaron en el proceso electoral la catarsis que el malestar económico induce en otras sociedades a convulsiones callejeras. La recesión y la inflación llevaron a una parte de la ciudadanía, que en 2015 se había inclinado por Cambiemos, a castigar al Gobierno. La regla de oro de esa coalición, la hipótesis de que el rechazo al kirchnerismo garantizaba la imposibilidad de su regreso, fue invalidada por otra general y más antigua: los sufrimientos de la vida cotidiana suelen ser determinantes en las urnas. La fluctuación en la base produjo un nuevo alineamiento en la cúpula. Unificó al peronismo. Sagaz, la señora de Kirchner facilitó ese movimiento. Dio un paso atrás y designó al frente de la fórmula a quien había sido jefe de campaña de los dos dirigentes que la habían enfrentado: Sergio Massa y Florencio Randazzo. Advirtió que ella podría haberse convertido en una barrera para ese reflujo electoral y partidario. Los resultados de ayer le dieron la razón. La perspectiva de su regreso, prefigurada en las primarias, desencadenó una movilización popular que permitió a Juntos por el Cambio sumar más de dos millones de votos a los obtenidos el 11 de agosto. La magnitud de ese fenómeno fue agigantada por los discursos de Cristina Kirchner y Axel Kicillof , el triunfador de la provincia de Buenos Aires. Es llamativo que un gobierno que deja tras de sí tierra arrasada consiga superar el 40% de los votos. Los electores dejaron en el aire la ambigua sensación de una derrota y, al mismo tiempo, de una recuperación de Macri. Para manejarse con esa ambivalencia Fernández deberá exhibir una inusual ductilidad. Está obligado, a partir de anoche, a registrar este doble condicionamiento. Como Sarmiento en 1868, como Alvear en 1922, él depende de una estructura de poder ajena. Quedó de nuevo demostrado en la escenografía de la celebración de anoche, que repitió la de las primarias. Sin gobernadores a la vista, sin una mínima mención a Massa, el ganador parecía el invitado a una fiesta ajena. La fiesta de Cristina Kirchner. La misma Cristina Kirchner que, con su negatividad, es capaz de volcar en más de dos millones de votos a Macri, un candidato estragado por la crisis económica. Dicho de otro modo: Fernández no va a poder ignorar la demanda ético-institucional que desató una ola de manifestaciones y, ayer, permitió la recuperación de Juntos por el Cambio. Pero responder, siquiera en parte, a esa expectativa de regeneración le exigirá gesticular una ruptura con la última experiencia kirchnerista. Quiere decir que la satisfacción de ese requerimiento social lo expone al riesgo de recrear las tensiones que lo llevaron a apartarse durante casi una década de la que ahora es su vicepresidenta. La receta para que el nuevo presidente compense las fragilidades que exhibe el origen de su poder es ofrecer lo antes posible un éxito en su gestión. Alcanzaría, en principio, con evitar que la economía se siga degradando. Esa tarea comienza hoy, en la reunión con el Presidente. La vicepresidenta electa se dirigió ayer a quien fue su sucesor, para pedirle que imite el modo en que en 2015 ella le transmitió el mando. Si ese es el modelo, Fernández debería desear que Macri no la haya escuchado. Él también se refirió a la transición que se abre hasta el 10 de diciembre. A diferencia de la señora de Kirchner, admitió que, si bien el que está en el poder es el responsable de la administración, lo que suceda de ahora en adelante está relacionado también con su colaboración. Más allá de la retórica, el curso de la crisis estará atado a lo que diga y haga Fernández más que a cualquier otro factor. Quedó claro la semana pasada, cuando los ahorristas desataron una fuga de depósitos en dólares cuando le escucharon prometer que si él llegaba al poder respetaría esos activos. Algo que, hasta entonces, nadie había puesto en duda. El resultado oficial de ayer profundizará esa dependencia con lo que Fernández diga o haga que ya se viene verificando desde las primarias. Los agentes económicos querrán a partir de ahora calibrar el nivel de apertura que tiene la formación del futuro gabinete. Si expresa a una base política amplia o a un grupo plegado sobre sí mismo. En el centro de esta incógnita está la identidad del ministro de Economía, que debe contar con una gran credibilidad externa y doméstica. Fernández no ha emitido ningún indicio al respecto. Se manejó con profesionales equivalentes a una segunda línea de un equipo convencional. Nota Cristina Kirchner logró su primera meta; ahora busca su reivindicación Por: Hugo Alconada Mon La expresidenta Cristina Fernández de Kirchner alcanzó anoche su primer objetivo: derrotar a Mauricio Macri y sacarlo de la Casa Rosada. Ahora va por su segunda meta: su reivindicación judicial . Quiere quitarse de encima todas las acusaciones penales. Quiere mostrarle al mundo que nada supo o nada tuvo que ver con todo lo ilícito que pasó a su alrededor... si es que siquiera algo pasó. El camino para alcanzar el primer objetivo comenzó a delinearlo años atrás, incluso antes del fallido traspaso de los atributos presidenciales, el 10 de diciembre de 2015. Ungir a Alberto Fernández al frente de la fórmula presidencial, a pesar de los cortocircuitos públicos y privados que los distanciaron durante largo tiempo, fue un paso más en un largo y metódico recorrido. Ya en enero y febrero de 2016, desde El Calafate o Río Gallegos, llamaba hasta dos o tres veces por día a Héctor Recalde, líder del bloque de diputados del kirchnerismo, o a José Ottavis, su equivalente en la Legislatura bonaerense, para impartirles directivas. O a su exministro de Economía Axel Kicillof. O a su exsecretario general de la Presidencia Oscar Parrilli. Parte de su estrategia, sin embargo, fue ampliar su abanico de aliados. Así lo corroboró el candidato a jefe de gobierno porteño Matías Lammens la primera vez que estuvo a solas con ella. Fue en el Instituto Patria: la expresidenta lo felicitó por su postulación y le dijo que nada tenía que objetarle por sus críticas al kirchnerismo. "Vos estás haciendo tu camino", le dijo, palabras más, palabras menos, para luego explicitarle su propia obsesión: su reivindicación pública. La flamante vicepresidenta electa y, hoy, la figura pública más poderosa de la Argentina afronta trece procesamientos penales, siete pedidos de prisión preventiva y cinco acusaciones ya elevadas a juicio oral. Le enrostran una larga lista de presuntos delitos vinculados a supuestos actos de corrupción. Entre ellos, lavado de activos, administración fraudulenta en perjuicio del Estado, asociación ilícita, encubrimiento y traición a la patria. "Defección estratégica" En varias de esas investigaciones, la Justicia presentó pedidos de desafuero, pero chocó siempre con la "doctrina Pichetto", en alusión al apellido del histórico jefe del bloque peronista en el Senado y luego candidato a vice por Juntos por el Cambio, Miguel Ángel Pichetto, quien defendió que el Senado entregaría a uno de los suyos solo con una condena judicial firme de por medio. Creada a medida del expresidente y senador Carlos Menem por acusaciones como la causa Armas, la doctrina Pichetto terminó por beneficiar a Fernández de Kirchner. Pero si como senadora ya resultaba una utopía obtener su desafuero, ahora lo será mucho más. Como vicepresidenta ya no bastará con el pronunciamiento del Senado. Cualquier requisitoria judicial deberá pasar también por la Cámara de Diputados, mediante un proceso de juicio político. Junto a Fernández de Kirchner afirman, sin embargo, que estas disquisiciones procedimentales son irrelevantes. Porque ella reafirma su inocencia. Sostiene que nada ocurrió. O, al menos, que ella nada supo sobre eso. Ni mucho menos pueden responsabilizarla por lo que otros funcionarios, dos o más rangos por debajo del de ella en el escalafón del Estado, pudieron hacer a escondidas. Ese argumento judicial conllevó, claro, dejar atrás o desconocer a quienes conformaron su círculo de relaciones -o el de su marido- durante muchos años. Como su ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, o el presunto testaferro de la familia, Lázaro Báez, y otros laderos, como el secretario privado de Néstor Kirchner, Daniel Muñoz, o el ex "señor de los peajes" Claudio Uberti. Despegarse conllevó lidiar, también, con varios reproches. "Néstor no le hubiera soltado la mano a De Vido", planteó la esposa del exministro, Alessandra Minnicelli, por televisión, en mayo pasado. "No soy de pasar factura, si me la cruzo la saludo y le digo qué mal que estuvo que no me contuvo, que no me llamó..., le preguntaría '¿por qué no lo cuidó más a Julio?'". Otros, como Uberti, caído en desgracia con el caso Antonini en 2007, fueron más lejos. Tras años de ostracismo y ninguneo, Uberti se acogió al régimen del arrepentido cuando estalló la causa de los cuadernos y la vinculó a la corrupción. "Cristina estuvo presente varias veces en la que yo fui a dejar los bolsos; ella sabía todo lo que se hacía", declaró. Aun así, la expresidenta confía en los cambios de paradigma. "Lo que ella busca es su reivindicación. Punto. Y te lo dice. Quiere demostrar que durante estos últimos años fue una perseguida política", cuentan a su lado. "Quiere demostrar que el gobierno de Macri armó causas para perjudicarla a ella y a sus hijos", Máximo y Florencia, quienes también afrontan desafíos judiciales. Algunos trazos de su visión sobre esa supuesta persecución política quedaron plasmados en Sinceramente, el libro con el que la exjefa de Estado propulsó su candidatura, sin explicitarla, a principios de este año. Allí defendió el patrimonio familiar y repudió la ofensiva judicial en su contra. "Néstor me lo dijo: 'Te van a perseguir a vos y a tus hijos'. No fue altisonante. Estaba serio y cuando le pregunté: '¿Por qué decís eso?', enseguida cambió de conversación. Fue en El Calafate. Nota La economía y la jugada de Cristina hicieron presidente a Fernández Por: Joaquín Morales Cuando, en diciembre de 2017, poco después de que Mauricio Macri ganara las elecciones legislativas de mitad de mandato, Alberto Fernández aceptó una invitación de Cristina Kirchner para conversar después de 10 años de críticas distancias, no imaginó que ese paso insignificante en la vida de una persona lo terminaría convirtiendo anoche en presidente electo de su país. Luego elaboró un teorema simple, pero de difícil aceptación para buena parte del peronismo: "Sin Cristina no llegamos, con Cristina no es suficiente". La aceptación posterior del peronismo sucedió cuando, en el segundo semestre de 2018, la economía de Macri encalló. Astuta, Cristina Kirchner decidió que el autor del teorema merecía la candidatura presidencial, porque antes percibió que si ella encabezaba la fórmula podría atraer a muchos y espantar a otros tantos. La victoria de Alberto Fernández es el fruto del retroceso de la economía de Macri. El comienzo de la crisis económica abroqueló al peronismo en torno de la estrategia de Alberto Fernández; la no resolución de esa crisis durante un año y medio lo llevó anoche al poder real. En el otro extremo del arco político, Macri se convirtió, a pesar de la derrota, en el líder de una oposición importante y probablemente articulada del futuro gobierno peronista. Macri (un ingeniero sin experiencia política, según sus detractores) demostró desde las primarias del 11 de agosto que es un animal político. Recorrió el país al frente de movilizaciones multitudinarias en un esfuerzo físico propio de los políticos con alma de políticos. Colocó dosis de heterodoxia a su plan económico, cambió al ministro de Hacienda por el más eficiente Hernán Lacunza y enhebró una alianza más sólida con sus socios de Cambiemos. Tragó sapos, olvidó rencores, miró más el futuro que el pasado. Esa clase media que Macri sacó a la calle, y el significativo aumento de votos que cosechó el Presidente en medio de una larga recesión económica y de un inflación alta, modifican claramente la experiencia kirchnerista anterior. El kirchnerismo fue kirchnerismo tal como se lo conoció también porque su oposición estaba fragmentada y carente de liderazgo. De presidente a jefe opositor En adelante, el no peronismo (o el antiperonismo o el antikirchnerismo) tendrá un líder y un proyecto al frente de un sustancial porcentaje de la sociedad argentina. Macri le dijo ayer a un amigo mucho antes de que cerraran los comicios: "Pase lo que pase, esto recién comienza". ¿Significa que ya pensaba en intentar el regreso en 2023 si perdía? ¿O, acaso, solo quiso decir que se pondría al frente de la oposición al peronismo si la derrota se abatía sobre él? Sea como fuere, los casi cuatro últimos años no han pasado en vano para una parte no menor de la sociedad, para la coalición Cambiemos ni para el peronismo. Otros valores políticos, morales e institucionales unieron a casi la mitad de los argentinos. Lo que vendrá no será lo que pasó, simplemente porque las condiciones políticas y sociales no son las mismas. El Congreso quedó con una conformación equilibrada. No será una escribanía de las decisiones del Ejecutivo. "Es preciso conocer el pasado, pero no es necesario quedar atrapado en sus redes. Hoy no es ayer", decía Santos Juliá, un notable historiador español que murió prematuramente hace pocos días. El presidente actual y el que viene tienen algo personal entre ellos, que va más allá de la política y de las diferencias ideológicas. Hicieron un enorme esfuerzo para juntarse hoy civilizadamente, como debe ser. Si se los escucha a los dos, pueden establecerse puntos de vista distintos en algunas cosas, pero no lo suficientemente distintos como para llevarse tan mal. ¿Será ese encono lo que llevó a noche a Fernández a hablar de un Macri "muerto" políticamente, cuando la sorpresa fue la supervivencia política del Presidente? Es cierto que Alberto Fernández es extremadamente crítico de Macri en el manejo de la economía. No concibe que el Presidente (y suele agregar al extitular del Banco Central Federico Sturzenegger) tenga una visión tan monetarista de la inflación. "¿Quién le dijo que con solo secar de pesos el país, y matando por lo tanto a la actividad económica, se resolvería la inflación?", se pregunta. La obsesión de Alberto es volver a poner en funcionamiento la economía. "Todo está parado, y así ningún problema económico se resolverá", dice mientras se lamenta porque el consumo cayó el 18 por ciento en el último año. Su apuesta es un gran acuerdo social y económico con empresarios, sindicatos y partidos políticos. Acuerdo durante un semestre, anticipa, para establecer las futuras reglas del juego. La caída de reservas lo preocupa sobremanera. Despotrica aún más contra Macri: "Que libere totalmente el precio del dólar o que ponga un cepo casi total a la venta de dólares mientras haya incertidumbre. ¡Está perdiendo reservas todos los días con una política que no es ni una cosa ni la otra!", se ofusca. Lo martiriza la poca cantidad de reservas que podría recibir el 10 de diciembre. De eso hablarán hoy, seguramente. No sabe por qué la gente se preocupa tanto por el dólar. Ahora los depósitos en dólares están en el Banco Central y no son de libre disponibilidad. "Los dólares de la gente están. ¿Quién duda de eso?", enfatiza. En la crisis de 2001, los dólares estaban en manos de los bancos. Con todo, lo que menos le preocupa es la deuda pública. Considera que los vencimientos del próximo año no son tan acuciantes y que tendrá margen de tiempo para reestructurar la deuda. ¿Con quita o sin quita? Fernández siempre propuso que fuera sin quita, pero al parecer (a él no le consta) el Fondo Monetario está reclamando que sea con quita de capital. Le llegó una noticia imprecisa de que un grupo de bonistas privados de la Argentina presentaría una demanda judicial contra el Fondo por esa posición en los tribunales de los Estados Unidos. Nota Alegría sin reparos
Por: Eduardo Aliverti Una diferencia menor a la esperada ?por lo que se preveía tras las primarias y, quizá sobre todo, por los datos que circularon durante la jornada? provocó un efecto ?bajoneante?, o de alegría que se moderó, en muchos votantes del Frente de Todos. Se comprende, pero no se justifica. El Gobierno hizo una gran elección, cómo no, pero Macri se va. La fortaleza del antiperonismo se revitalizó desde donde nunca dejó de estar, pero Macri se va. En todo caso y como se advirtió reiteradamente en los momentos triunfalistas post PASO, resultó confirmado que no se va lo que Macri representa. Pasada la alegría, no importa si más grande o más contenida que la pronosticada, permanece lo esencial. La economía está desvencijada, tétrica, según todo parámetro que se tome. La intervención de Axel Kicillof hacia la medianoche de ayer, en el bunker del Frente, fue una clase magistral acerca de la tierra arrasada que dejan los poderes fácticos simbolizados en Macri. Claudio Scaletta (?Los límites del posneoliberalismo?, en este diario, hace dos semanas) escribió sobre cuatro elementos concretos que representan una incógnita, y que son muy diferentes a la década inicial del milenio. Primero, no hay un ciclo expansivo en los precios de las materias primas exportables. Segundo, la atención estadounidense sobre su patio trasero. Tercero, el inmenso peso de la nueva deuda tomada por el macrismo; y que buena parte de ella sea con el FMI, lo cual es un condicionante del que será muy difícil librarse. Cuarto, el más ?político, es que la alianza de clases propuesta por el Frente incluye a muchos que, por acción u omisión, apoyaron al régimen saliente y no persiguen rupturas radicales con el antiguo orden. El objetivo inicial, ?en pocas palabras, (?) es evitar la hiperinflación, atacar el hambre, recuperar parcialmente los salarios y parar el derrumbe de la economía. Parece poco. No lo es?. Ese aspecto estructural no cambia en absolutamente nada por el resultado de ayer. Al contrario. El nuevo Presidente es Alberto Fernández; Cristina vuelve al poder; el nuevo gobernador de nada menos que la provincia de Buenos Aires es un cuadro proveniente de la izquierda, de honestidad a toda prueba; el peronismo unido, en ambas Cámaras, dispone de un vigor que era impensable hasta hace apenas un par de años. Y así como no había antecedentes de la manifestación impresionante que hace cuatro años despidió a la jefa de Estado, tampoco los hay de la que anoche acompañó a la fórmula presidencial ganadora. Cuadras y cuadras de emoción, de esa gente que festeja el retorno imprescriptible de la esperanza. ¿Cómo podría suceder que alertarse por el vigor antiperonista pierda de vista la energía vencedora? Enfrente, Horacio Rodríguez Larreta despunta como la figura que reconquistaría más votos, siempre a derecha, a mediano plazo. María Eugenia Vidal, a pesar de su dura derrota, conservó un núcleo básico y no sólo no recibió facturas internas, sino que quedó como víctima del empecinamiento de su ex jefe en no desdoblar las fechas electivas. Resta comprobar si la remontada de Macri será capaz de animarlo para disputar su interna ex cambiemita. Desde ya que esas últimas son consideraciones apenas para echarle una mirada al paisaje de quienes, hasta hace dos años, se comían a los chicos crudos. Lo urgente es cómo conducirá la transición una pandilla de ineptos políticos y técnicos, sobre la que cabe reiterar algunas preguntas elementales. ¿Asumirán algún grado de responsabilidad institucional? ¿Tomarán las medidas que son menester para ponerse por delante de la crisis, como muy probablemente les exigirá el Presidente electo a fin de frenar la estampida de reservas? ¿Qué harán? ¿Consensuarán para no incendiar el país? ¿O munidos del envalentonamiento por su buena elección preferirán retirarse dejando una herencia más salvaje todavía? El discurso de Macri, anoche, en la breve oración dedicada al nuevo Presidente para que concurra a Casa Rosada, a primera hora, indicó formalmente que estaría dispuesto a cierto diálogo para apagar algún fuego. Sin embargo, requiere de demostración efectiva. Confiar a ciegas en que quienes condujeron la Argentina a este desastre son aptos para despedirse con la mayor calma posible, por el solo hecho de que lo indica la lógica, es una irresponsabilidad analítica. Sí es seguro que la economía se maneja ?también? con expectativas. Sea cual fuere la disposición de la banda que se va, el nuevo Gobierno parte, en el mientras tanto y desde que asuma, con un gran plafond para imponer condiciones ¿O acaso se pierde vista quién y qué ganó? Entre nosotros sí hay, como acaban de subrayarlo las urnas, una opción política ?real, no testimonial? que pone en entredicho al neoliberalismo. Desde ya: hasta donde podría darle su potencia local, en un mundo hegemonizado por la concepción de que lo único posible es el capitalismo en su forma más salvaje (últimamente un poco menos, vistos Chile, Ecuador, el Líbano, Irak, su ruta y, vamos en primer lugar, Argentina con esta esperanzadora confluencia alrededor de recuperar una potencia institucional soberana, no adscripta a que el Estado sea necesariamente de ese ?ellos? que consiste en Aparato Corporativo-Empresarial/ Poder Judicial/Medios de Comunicación. Un Estado al menos árbitro, nunca cómplice). De hecho, las campañas de las dos fuerzas principales insistieron en que había, y así seguirá, dos modelos en pugna. Nota Ejes de Comunicación Alem 1110 7°B - CABA 54-11-5352-0550 contactese@ejes.com © 2018 Ejes de Comunicación |