Agenda

10/11/2019

Agenda de la Mañana

Agenda de los diarios

Alberto Fernández encabezó la apertura del encuentro del Grupo de Puebla con palabras para Lula Da Silva

 

Clarín: 

Alberto celebró la liberación de Lula y tensa más la relación con Bolsonaro. El presidente electo habló ante el Grupo de Puebla, un foro de políticos latinoamericanos de izquierda. ?Con Lula soplan otros vientos?, dijo, junto a Dilma Rouseff. Y advirtió, en referencia a Bolsonaro, que ningún gobierno ?puede romper? la relación bilateral con Brasil.

La Nación:

Crece la tensión con Brasil, pero Fernández busca evitar una crisis. El vínculo entre Alberto Fernández y Jair Bolsonaro alcanzó esta semana su nivel más alto de tensión. Sin embargo, el presidente electo buscará evitar que el cortocircuito diplomático escale, para no provocar una crisis definitiva que impacte en el plano comercial. La estrategia del líder del Frente de Todos será eludir las reacciones a las provocaciones del presidente de Brasil, para calmar los ánimos y evitar un conflicto bilateral a partir del 10 de diciembre. Así se lo transmitió a su equipo esta semana. Sin embargo, y como quedó demostrado en las últimas horas, Fernández no abandonará la defensa del expresidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva, que dejó la cárcel el viernes. De hecho, se espera que el dirigente del PT viaje a la asunción presidencial, un acto donde se notará la ausencia de Bolsonaro.

Perfil: 

Grupo de Puebla: Fernández se dio un baño de progresismo.

Crónica: 

Cumbre de referentes regionales: "A poner de pie América Latina". Alberto Fernández inauguró el segundo encuentro internacional del Grupo de Puebla y celebró junto con Dilma Rousseff y otros ex presidentes la liberación de Lula da Silva, quien envió un emotivo video desde Brasil. El mandatario electo también dialogó con su par francés, Emmanuel Macron, y viajaría a París antes del 10 de diciembre. Cómo impactarán en la región estos nuevos vientos políticos

Otros Temas

Ventanilla única.

Laura Alonso, la titular de la Oficina Anticorrupción, quien confesó que no promovía causas contra los funcionarios del Gobierno para que no la acusaran de parcialidad, está siendo investigada por malversación de fondos públicos y posibles retornos. La contratación irregular de una consultora que se ocupaba de su imagen, revelada por PáginaI12, dio origen a dos causas judiciales. (Página 12)

En la última votación del año, Salta elige gobernador.

(Crónica)

La Entrevista

Gerardo Morales, Gobernador de Jujuy

?Los del PRO no están acostumbrados a perder como nosotros?

(Perfil)

Internacionales

Se agrava la crisis de Evo en Bolivia: se amotinó la policía y se niega a reprimir.

Los jefes policiales de las principales ciudades del país invocaron la Constitución y no reprimen las protestas opositoras, que crecieron en magnitud y violencia. Complicado, Morales llamó a negociar a los líderes parlamentarios para buscar una salida al conflicto. Las Fuerzas Armadas se muestran neutrales y plantean que la crisis debe resolverla el gobierno. (Clarín - La Nación - Página 12 - Perfil - Crónica - Popular)

Lula y Bolsonaro agitan su duelo político. 

El gran duelo en Brasil ya empezó. Apenas un día de libertad le bastó al expresidente Luiz Inacio Lula da Silva para sacudir el escenario político y provocar al mandatario ultraderechista, Jair Bolsonaro, para el enfrentamiento que promete polarizar aún más al país hasta las elecciones de 2022. ?¡Estoy de vuelta! Con más coraje para luchar que cuando me fui. Debemos decirles en voz alta y clara: no dejaremos que destruyan nuestro país. La izquierda derrotará a la ultraderecha?, afirmó Lula ayer. (La Nación - Perfil)

Columnas

Joaquín Morales Solá
Regresan los ataques a jueces y periodistas

¿La Justicia acorrala a algunos líderes progresistas de América Latina porque son progresistas o porque son corruptos? ¿Los medios periodísticos son meros instrumentos de esa estrategia y de poderosos intereses que nada tienen que ver con la información y la opinión? Vale la pena detenerse en esas preguntas -y en sus respuestas- porque Alberto Fernández acaba de suscribir ambas teorías; sus afirmaciones en México, en un reportaje que le concedió al expresidente de Ecuador Rafael Correa , fueron contradictorias con muchas de sus promesas de moderación y de respeto al periodismo que había hecho aquí durante la campaña electoral. Tanto para hablar del rol de la Justicia, pero sobre todo del papel de los medios periodísticos, el presidente electo retomó íntegro el discurso que es habitual en Cristina Kirchner . Habitual también en todos los exmandatarios acusados de corrupción , que denuncian conspiraciones inverosímiles en lugar de aportar pruebas de su inocencia.
Extrañamente, el término que usan para describir esa persecución judicial y mediática, lawfare, es un neologismo inglés creado por las Fuerzas Armadas norteamericanas para defenderse de las acusaciones de violaciones de derechos humanos en países en guerra; señalaron que esas denuncias provenían de los vencidos.
Y, de paso, rechazaron con el mismo argumento la jurisdicción del Tribunal Penal Internacional de La Haya. Las versión original del término incluía solo la persecución judicial, pero los latinoamericanos le agregaron la complicidad del periodismo en los supuestos acosos.
Alberto Fernández se refirió solo a los casos de Lula, del propio Correa y de Cristina Kirchner.El presidente electo no tomó en cuenta (¿o sí?) que es un inminente jefe de Estado y que, por lo tanto, no puede ignorar el principio de la división de poderes en su país ni en países extranjeros. De hecho, el Supremo Tribunal Federal de Brasil acaba de demostrar que las instituciones funcionan en ese país cuando ordenó la libertad del expresidente Lula, el enemigo político número uno de Bolsonaro. Las fobias del presidente no le importaron al máximo tribunal de justicia brasileño. Interpretó las leyes como creyó conveniente. La mejor defensa de Lula la tuvo en las instituciones de su país. La mención quizás más grave de Alberto Fernández haya sido a la detención de Milagro Sala, que calificó de ilegal. La prisión de Sala fue convalidada por la Corte Suprema de Justicia argentina. ¿Por qué es ilegal entonces?

Puede entenderse su necesidad política de proclamar que Cristina Kirchner es inocente. ¿Qué otra cosa podría decir de su mentora? Pero eso no significa que ella sea inocente; tampoco es culpable según las instancias actuales de sus muchas causas judiciales. En primera y en segunda instancia, los jueces comprobaron que ella aprobó un sistema que venía de los tiempos de su marido. Esa constatación se dio sobre todo en la causa de los cuadernos, el mejor relato que se ha hecho de un método sistemático de corrupción. Los cuadernos importan ya poco y nada, porque cada una de las anotaciones del chofer Oscar Centeno fue corroborada por la Justicia. Las confirmaron, además, empresarios que se arrepintieron y otros que no se arrepintieron, pero declararon en indagatoria. Y las ratificaron exfuncionarios arrepentidos y otros que no necesitaron la figura del arrepentido.

Jorge Fontevecchia
El dilema de Fernández

La primera regla de las relaciones internacionales es no utilizar las cuestiones externas para hacer política interna. Los intereses nacionales guían la política internacional; los de un partido, la política nacional. Pero ya nadie la cumple. Cada vez más, globalización y revolución de las comunicaciones mediante, la política internacional se confunde con la nacional. Y puede hacer estragos cuando un país menos poderoso termina influyendo en uno más grande. Al comenzar el Mercosur, en 1994, el producto bruto de Brasil (558 mil millones de dólares) era el doble del de Argentina (257 mil millones), mientras que hoy lo quintuplica: Brasil 2 billones y Argentina 432 mil millones. Cada 1% que crece o decrece la economía brasileña hace aumentar o perder 0,25% al total de la economía argentina. Por obvias cuestiones de cercanía, y tamaño, México nunca podría compensar a Brasil en Argentina. Tanto en el producto bruto como en la población, Brasil es casi el doble de México, y ni que hablar del territorio: Brasil es seis veces México, incluso Argentina tiene una vez y media los kilómetros cuadrados de México.
Además, por su frontera con Estados Unidos y ubicación en el hemisferio norte, México mira mucho menos al Sur de lo que Sudamérica mira al Norte. El Grupo de Puebla lleva el nombre de la ciudad mexicana porque allí realizó su encuentro fundacional, pero México está subrepresentado y ni siquiera el viaje de cinco días de Alberto Fernández junto con el fundador y factótum del Grupo de Puebla, Marco Enríquez-Ominami, logró que Andrés López Obrador se sumara al grupo.
La realización del segundo encuentro del Grupo de Puebla en Buenos Aires el mismo día que Lula era liberado en Brasil aumentó el carácter anti Bolsonaro de la reunión y arrastró a Alberto Fernández a profundizar la confrontación con el actual gobierno de Brasil. Al día siguiente, Lula dio su segundo discurso en libertad en la sede del Sindicato Metalúrgico de San Pablo, y no solo cargó aún más las tintas contra Bolsonaro y su ministro Moro sino que incrementó su beligerancia al sumar a sus críticas al superministro de Economía de Brasil, Paulo Guedes, en un gesto claramente electoral.
Sin ser consciente ni quererlo, es probable que Alberto Fernández haya sido empujado a un camino sin retorno donde ya no haya forma de recomponer relaciones con Bolsonaro y el gobierno de Brasil, y le quede poco más que apretar los dientes. Bolsonaro será presidente de Brasil hasta el 1º de enero de 2023, prácticamente todo el mandato de Alberto Fernández, una asincronía entre Argentina y Brasil que no tiene antecedente desde la recuperación democrática, cuando ambos países con más o menos un año de diferencia compartían el mismo ciclo político y económico.
En los dos países hubo dictadura militar y llegada de la democracia, hiperinflación y convertibilidad, privatizaciones y planes de asistencia universal, fin del ciclo populista y llegada de gobiernos de centroderecha. Pero por primera vez a partir del triunfo de Alberto Fernández el paralelismo de los grandes países atlánticos de Sudamérica se rompió. Pero no solo por la oposición de Bolsonaro con Alberto Fernández sino, más aún, por la política del superministro de Economía de Brasil, Paulo Guedes, quien a la reforma laboral aprobada le sumó la previsional, va por la tributaria y agrega una ola de privatizaciones que, de salirle mal, terminaría con un caos de violencia superior al de Chile pero, de salirle bien, sacaría a Brasil de Latinoamérica para colocarlo como la potencia mundial que siempre soñó ser, en la ?zona? del BRIC, junto a India, Rusia y China.

Hugo Alconada Mon
La Justicia que imagina Fernández. Protagonistas, incertidumbres y reformas.

Ingeniero, Mauricio Macri siempre lidió con el Poder Judicial a través de terceros, ya fueran funcionarios u operadores. Prefirió mantener cierta distancia con los jueces y fiscales, entre el rechazo y el desprecio. Por eso delegó en su ?mesa judicial? las relaciones con ese mundillo que siempre le resultó ajeno, entre incomprensible e incómodo.
Abogado, Alberto Fernández conoce bien la fauna tribunalicia aunque expresa un rechazo similar, hasta cierto punto, al de Macri. Trabajó en un juzgado, se crio con un magistrado que llegó a camarista penal e interactúa desde hace décadas con jueces, fiscales y defensores. Como profesor universitario y como funcionario. Eso explica, dicen a su lado, sus críticas a ciertos fallos y sus dardos contra viejos conocidos.
?Es escandaloso lo que hicieron algunos jueces del fuero federal?, dijo Fernández en mayo, días antes de que la expresidenta Cristina Kirchner lo anunciara al frente de la fórmula presidencial. Apuntó entonces, por sus nombres, contra varios jueces de los tribunales federales de Comodoro Py, como Julián Ercolini, Claudio Bonadio, Martín Irurzun, Gustavo Hornos y Juan Carlos Gemignani. ?Van a tener que explicar las barrabasadas que escribieron para cumplir con el poder de tumo?, dijo.
Ya como presidente electo, Fernández mantiene canales de diálogo con actores de los distintos niveles y fueros judiciales y del Ministerio Público Fiscal. En particular, de la Corte Suprema. Y ya recibió un primer contacto desde Comodoro Py para sondear cómo se relacionará con esos jugadores del sistema. ?Quisieron ?medirle el aceite? pero él lo cortó en seco?, indicó a la nación una fuente de su círculo íntimo, lo que confirmaron otros tres interlocutores.
A su lado ponen paños fríos, sin embargo, a posibles reformas estructurales. En los últimos tiempos ganaron difusión ideas como la fusión de los juzgados penales de los fueros ordinario y federal que alentó en 2004 el ministro de Justicia, Gustavo Beliz, hoy otra vez en la primera línea como miembro de su equipo de transición.
Ciertas preguntas, en tanto, solo comenzarán a responderse con el correr de las semanas. ¿Quiénes ocuparán los cargos claves en el Ministerio de Justicia, la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) o el Consejo de la Magistratura? ¿A quién propondrá Fernández para liderar la Procuración General de la Nación? ¿Y al frente de la Oficina Anticorrupción, la unidad antilavado o la Sindicatura General? Bastiones, todos, que permitirán vislumbrar cuál será su verdadera impronta presidencial.
Esos bastiones son los más visibles. Pero hay otros, más directos, que también están disponibles para lidiar con los tribunales de Comodoro Py. Por ejemplo, el cargo que dejó vacante Germán Moldes como fiscal general ante la Cámara Federal. Es decir, el jefe directo de los fiscales de primera instancia de ese edificio. Y eso, sin olvidar las dos vacantes disponibles en esa Cámara Federal, superior inmediata de los doce juzgados del fuero.

Eduardo Van der Kooy
El indulto a Cristina

Daría la impresión de que Alberto Fernández ha resuelto disfrutar ahora mismo de la luna de miel política que todo presidente dispone al comienzo con la sociedad. Se está sacando gustos: las guitarreadas o la práctica de gestos transgresores que poco tienen que ver con su arraigo conservador.
Ese anticipo tendría una razón: el presidente electo sospecha que a partir del 10 de diciembre no contará con ningún respiro.
Por la grave crisis económico-social, la probablemente corta paciencia ciudadana, la llamativa inestabilidad regional y una oposición que, a priori, quedó más consolidada después de octubre. A contramano del pronóstico que habían arrojado las PASO.
En el camino de la transición Alberto va intentando, pese a todo, delinear formatos.
Siempre dentro de un marco general cuya recreación resulta incierta y le demandará un esfuerzo ímprobo: enclavar su próximo gobierno en el lejano tiempo imaginario de Néstor Kirchner. Ninguna de las condiciones locales y externas están dadas para que eso pueda suceder.
El presidente electo repite recetas básicas.
Con la esperanza, tal vez, de que le permitan la articulación de un nuevo relato. Esa herramienta resultó clave en la década kirchnerista.
La aparición de su próximo jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, no resultó una casualidad. Ese dirigente habla por ahora sólo cuando Alberto se lo indica. Sentenció que el de Mauricio Macri ha sido el peor gobierno de la democracia restaurada. El presidente electo pretende instalar en el imaginario colectivo el mismo germen próspero que utilizó Kirchner: aquel que le permitió vender con éxito que había heredado un país incendiado.
Cualquier opinión es, por supuesto, valedera.
Pero siempre conviene cotejarla con la realidad. El gobierno de Fernando de la Rúa se derrumbó al segundo año. Los días de la crisis dejaron más de 30 muertos. La Argentina entró en el default récord de la historia.
La pobreza escaló por encima del 50%. Aún siendo indudablemente mala, la herencia que dejará Mauricio Macri no podría equipararse con aquella. Es cierto también que Kirchner tuvo que remontar una cuesta empinada. Pero en el 2003, cuando llegó, ya habían acontecido tres cosas clave: el brutal ajuste de la macroeconomía realizado por Eduardo Duhalde, los primeros síntomas de la reactivación, la novedad de una escena internacional muy favorable a los commodities.
Alberto se ha movido en los últimos días entre la contradicción de sus deseos, envueltos con cierta nostalgia, y el pragmatismo que lo fuerza a hurgar en la posibilidad de soluciones reales. Los progresismos regionales casi ya no existen. Los que perviven están sumidos en la crisis. La escapada a México fue el único atajo posible. Aunque Manuel López Obrador suele ejercitar una política de doble faz. Se balancea en la centro- izquierda arropando a Venezuela y cui dando a Bolivia y Uruguay. Pero conserva con celo su histórica relación con Washington.

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