Agenda

24/11/2019

Agenda de la Mañana

Agenda de los diarios

Los diferentes actores económicos buscan acomodar su sector antes de la asunción de Alberto Fernández

 

Clarín: Gestión de empresarios para bajar la tensión entre Alberto y Bolsonaro. 

Dirigentes de la Unión Industrial Argentina se contactaron con sus pares de cámaras brasileñas para tratar de acercar posiciones entre Fernández y el presidente brasileño, que considera una afrenta el apoyo explícito del mandatario electo a Lula. El objetivo de los empresarios es evitar que los desencuentros políticos e ideológicos terminen afectando la relación comercial entre los dos países. Fernández avala esas gestiones.

Perfil: El campo se blinda contra Alberto: Anticipa ventas por US$ 500 millones para evitar retenciones. 

Ante la eventual suba de los derechos de exportación, los productores declararon cerca del 25% de la cosecha por venir: triplica el volumen de los últimos cinco años. Ya se colocó casi todo el saldo de trigo.

Agenda política

En el nuevo Congreso, aún no habría apoyos para aprobar el aborto.

Tras una semana en la que el debate sobre el aborto se reactivó en el Gobierno y forzó la renuncia del secretario de Salud, Adolfo Rubinstein, un relevamiento realizado por la nación muestra que la propuesta en favor de la despenalización no tendría respaldo en la nueva conformación del Congreso. Con la integración que tendrán ambas cámaras a partir del 10 de diciembre, el proyecto superaría el filtro de Diputados, pero sería frenado en el Senado, aunque se mantiene un número estratégico de indecisos, que podrían inclinar la balanza en favor de una u otra posición. (La Nación)

Máximo Kirchner, ante un rol desafiante.

Ungido como futuro jefe del bloque de Diputados del Frente de Todos, Máximo Kirchner encara la misión de mantener la unidad y de impulsar la agenda de Alberto Fernández en el Congreso. Consciente de que deberá levantar su perfil, el hijo de la expresidenta y líder de La Cámpora asegura que Fernández avaló su designación. ?Lo peor que nos puede pasar es pelearnos entre nosotros. No hay margen para una cosa así?, asegura. (La Nación - Perfil)

La Entrevista

Evo Morales, Ex presidente de Bolivia.

?Renuncio a mi candidatura para que no haya más muertos? ?vamos a demostrar que no hubo fraude?.

(Página 12)

La Entrevista II

Rafael Bielsa, Ex canciller.

?Si la gestión es exitosa, no habrá chispas?.

(Perfil)

Deportes

En un final increíble, River se quedó vacío.

El equipo de Gallardo ganaba desde los 14 minutos con el gol de Borré y tenía controlado al Flamengo en el Monumental de Lima. Pero dos errores - a los 44 del segundo tiempo y en el descuento- fueron aprovechados por el brasileño Gabriel Barbosa, el goleador de la Copa . Y con sus dos apariciones, Flamengo volvió a conquistar América después de 38 años. (Clarín - La NaciónPágina 12 - Perfil - Crónica - Popular)

Internacionales

Acuerdo en Bolivia para llamar a nuevas elecciones.

El Congreso aprobó anoche el proyecto. Y ahora, el gobierno interino promulgará la ley. Evo no podrá participar. (Clarín - La Nación)

Uruguay vota con ojos en la tensión regional. 

Mientras los brotes de tensión se acrecientan en la región, hoy Uruguay elegirá al sucesor del presidente Tabaré Vázquez y definirá si concreta un giro a la centroderecha o le da un mandato más al Frente Amplio (FA), de izquierda, que lleva 15 años en el poder. (La Nación - Página 12 - PerfilCrónica)

Columnas

Joaquín Morales Solá
Contradicción de un milagro argentino

Una pregunta insistente está dando vueltas. ¿Habría existido la actual tranquilidad de la transición argentina si el resultado electoral hubiera sido otro? ¿Habría existido la cómoda serenidad que hoy existe, en medio de una región latinoamericana sobrecargada de violentas protestas sociales, si hubiera ganado Mauricio Macri? La respuesta es no. Hasta el propio Presidente acepta que un triunfo suyo lo habría condenado en poco tiempo a un destino parecido al de su amigo Sebastián Piñera. Su victoria hubiera sido en segunda vuelta y por un puñado de votos.
La Argentina viene de un año y medio de recesión económica y las recetas de cualquier solución no son generosas. Hay también una vieja constatación política: ni los sindicatos ni los movimientos sociales (ni la sociedad en general) le tienen a un gobierno no peronista la paciencia que le tienen al peronismo. Un nuevo presidente, además, instala siempre un clima de cierta esperanza en los primeros tiempos, al menos. Es el papel que le toca jugar ahora (y en los próximos meses) a Alberto Fernández.
Una transición pacífica, aburridamente pacífica, sucede en la Argentina entre dos gobiernos de signos muy distintos. No es la economía. Chile, Bolivia y Colombia tienen una economía mejor que la Argentina. No es la política. La Argentina fue siempre políticamente más inquieta que algunos países hoy en llamas. Es un milagro. "Un milagrito", atenúa Macri. Alberto Fernández sostiene la tesis de que es mejor así antes que complicar las cosas con los trámites propios de una transición. "¿Para qué voy a mandar gente a los ministerios si sé que van a terminar discrepando?", suele preguntarse. Los dos presidentes hasta han resuelto algunos problemas juntos. Dos hijos de Evo Morales, que estaban en Bolivia (refugiados en la embajada argentina), querían instalarse desesperadamente aquí, no en México, donde está su padre. Alberto intercedió ante Macri y este hizo los trámites ante el gobierno interino de Bolivia. Resolvió el problema en el acto. También contribuyó el canciller Jorge Faurie, a quien Alberto ahora le reconoce su buena predisposición. El "hecho desgraciado de la diplomacia" (como Alberto calificó a Faurie en medio de la crisis por la caída de Evo Morales) se convirtió en una persona "diez puntos". La política aconseja no apresurarse con los juicios (menos con los prejuicios). Los hijos de Evo Morales están desde ayer en la Argentina.
Macri no puso ningún reparo al asilo de los hijos del expresidente boliviano. Hay en Macri un costado de sensibilidad humanitaria que sus adversarios no le reconocen. Cuando el gobierno norteamericano le canceló la visa al excanciller Héctor Timerman (porque estaba procesado por la firma del tratado con Irán) fue Macri el que intervino personalmente -también Faurie- para que se le concediera una visa por razones humanitarias. Ya gravemente enfermo de un cáncer terminal, Timerman necesitaba viajar a los Estados Unidos para someterse a un tratamiento alternativo. La visa fue expedida por Washington y los médicos norteamericanos pudieron extender un poco, solo un poco, el tiempo de su vida. Los Macri y los Timerman (con los patriarcas, Franco y Jacobo, a la cabeza) vivían en el mismo edificio, en los años 70.

El problema de Macri y de Alberto Fernández es que la transición no es tan apacible dentro de sus propios espacios. A Macri lo persigue la indisciplina de los radicales en cuestiones tan cruciales como la del aborto. Alberto vive dentro de una nube de rumores sobre su relación con Cristina Kirchner y sobre el poder que esta tendrá en el gobierno que comenzará el 10 de diciembre.

Jorge Fontevecchia
Volvió Cristina. Y Macri quiere volver

Los liderazgos tóxicos son aquellos que aplastan el surgimiento de otros, ahogando la renovación que precisa toda organización para evolucionar. Parecen males necesarios en esta época en que los partidos políticos dejaron de ser el espacio donde se instrumenta la representación social. Si no hay un sistema ?los partidos políticos? que organice las sucesiones, vendrá un líder absoluto a darle curso a la imprescindible toma de decisiones. Una solución arcaica, simple, casi unicelular, donde hay un monarca, un amo feudal o un dueño. Así se están cristalizando nuestros dos campos políticos mayoritarios, uno en manos de Cristina Kirchner, y el otro, de Mauricio Macri.
Sus permanencias a pesar de la falta de éxito de sus presidencias son un síntoma de la debilidad institucional de los partidos políticos. Se agrega como causa de la repetición de las mismas candidaturas el aumento de la longevidad ya mencionado en esta columna anteriormente, sumado a lo costoso que resulta hacer conocido nacionalmente a alguien. Más aún, sería necesario que los partidos políticos pudieran institucionalizar el recambio interno como remedio a las candidaturas eternas que se dan en toda Latinoamérica.
Mauricio Macri se prepara para ser el líder del 40% (40,28%, remarcan, como si fuera un triunfo) de los votos, con la convicción de que podría volver a presidir Argentina en 2023. Su ejemplo es Sebastián Piñera (el partido del chileno se llama Coalición por el Cambio), quien terminó con los triunfos electorales continuos de la Concertación (en la mente del macrismo, equivalente al peronismo) ganando su primer mandato presidencial en 2010. Pero al terminarlo, en 2014, nuevamente retomó el poder la Concertación y volvió a presidir Chile por otros cuatro años su misma predecesora: Michelle Bachelet. Piñera se mantuvo activo políticamente, recuperó fuerzas y en 2018 volvió a ganar las elecciones. Pero él no había perdido la reelección en 2014, sino que la Constitución de Chile prohíbe las reelecciones y los presidentes deben esperar un turno para poder volver a presentarse como candidatos, mientras que en Argentina Macri sí las perdió. Paralelamente, Piñera había tenido una primera presidencia exitosa económicamente, y Macri, todo lo contrario.
Pero la capacidad de negación de la mente humana hace posible no registrar esas diferencias ni la situación actual de Piñera hoy en Chile, jaqueado por interminables protestas.
Macri ya se consumió gran parte del capital político de María Eugenia Vidal al no permitir el desdoblamiento de las elecciones en la provincia de Buenos Aires. Si quisiera seguir siendo el conductor del PRO de la misma forma en que lo fue hasta ahora, podría terminar, consciente o inconscientemente, consumiéndose el capital político de Horacio Rodríguez Larreta, el único triunfador que le queda al PRO. Colocar a Patricia Bullrich a presidir el partido no sería una buena noticia para Rodríguez Larreta. El despido del secretario de Salud radical, Adolfo Rubinstein, tampoco es un hecho alentador para la relación de Macri con la UCR. Cada vez más radicales ven a Macri más conservador que liberal, alejándose al mismo tiempo del centro ideológico no solo del promedio de la UCR sino también, y a veces más aún, de Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal.
Cristina Kirchner volvió de Cuba y en una sola reunión arrasó con las versiones sobre el elenco de gobierno que había planificado Alberto Fernández, dejando en evidencia públicamente que, aun habiendo sido electo presidente, el poder de la vicepresidenta podría ser mayor.

Ricardo Kirschbaum
El ministro de Economía es la gran incógnita

Problemas de parto que no son novedad en los armados ministeriales y más cuando se trata de dos carteras clave -Economía y Relaciones Exteriores- mantienen indefinidos los nombres de sus titulares a partir del 10 de diciembre.
Esas incógnitas, además, avivan el cabildeo en el campamento del presidente electo. El silencio fertiliza el terreno a las versiones envenenadas.
Descartado Martín Redrado en Economía -el ex jefe del BCRA dejó trascender que no aceptaría la Embajada ante la Unión Europea como premio consuelo- el nombre de Guillermo Nielsen quedó en medio de versiones , luego de que se filtrara una supuesta discrepancia con una propuesta de división del ministerio y también con una visión ?pro mercado? expresada por el ex secretario de Finanzas ante los tenedores de deuda. Nielsen ha tomado a su cargo redactar el régimen especial para Vaca Muerta y la negociación de la deuda. Las versiones sobre sus acciones en baja recrudecieron luego de la reunión de Alberto Fernández con Cristina, en la casa de Recoleta de la ex presidenta. Hay quienes arriesgan que el diálogo de Nielsen con Fernández fue áspero. Reapareció el nombre de Alvarez Agis como candidato a integrar el gabinete, pero su postulación chocaría con la decisiva oposición de Cristina, por razones desconocidas, y por si fuera poco, de La Cámpora. Alvarez Agis fue segundo de Axel Kicillof cuando éste estuvo en el Ministerio de Economía.
En este tembladeral de nombres y de rumores, se coló el del platense Martín Guzmán, un economista de Columbia que creció a la sombra de Joseph Stiglitz, premio Nobel que simpatizó con la gestión de Cristina Kirchner.
Guzmán estuvo hace poco en Tucumán, convocado por Juan Manzur (quien ayer terminó una mini gira por Wall Street). Quienes lo conocen dicen que es un técnico sólido que carece de experiencia política.
La otra cuestión es la de Relaciones Exteriores. Hay demasiadas manos en el plato: Felipe Solá, Gustavo Béliz, Jorge Argüello y el chileno Marcos Enríquez Ominami (MEO). Hay un compromiso de Alberto Fernández con Solá, sellado antes de las PASO, que coloca al ex gobernador de Buenos Aires muy cerca del Palacio San Martín. Sin embargo, la presencia de Béliz en una reunión en Montevideo con mexicanos, uruguayos y países caribeños angloparlantes, sobre Venezuela, provocó sorpresa en Solá, que desconocía esa misión. Se sabe que Béliz tendrá un despacho muy cerca de Alberto en la Casa Rosada y que su misión central será monitorear la política exterior. Y que Argüello tendría un destino en una embajada importante (¿Washington?) o cumpliría misiones reservadas encargadas por el Presidente.
A esta multiplicidad de funcionarios encarándose de lo mismo se suma Ominami, un ex dirigente político de Chile amigo de Alberto, que se ocupa del ?parque temático? de la centro izquierda, como los llama irónicamente un diplomático de carrera que conoce el paño. A Ominami se le adjudica el error de traducción que casi hace viajar a Fernández a París este fin de semana. Viaje suspendido porque Macrón tenía su agenda completa.

Eduardo Van der Kooy
Cristina, poder e impunidad

El nuevo sistema de poder que está por instaurarse en la Argentina empieza a exhibir rasgos salientes. Casi todos tienen que ver con el vínculo entre Alberto Fernández, el presidente electo, y Cristina Fernández, su vicepresidenta. Se destacan en principio dos cosas. La autonomía que Alberto pretende preservar en materia económica, aún cuando su rumbo resulte incierto. La desproporción evidente entre el silencio y el segundo plano de la ex presidenta y la maquinaria que, pieza por pieza, va construyendo, sobre todo, en el Congreso.
Cristina enhebró movimientos que contaron con la anuencia de Alberto. Destrabó la división de los bloques peronista y K en el Senado con una carambola. El presidente se llevaría al senador cordobés Carlos Caserio al gabinete. Resistía la conducción de la ex presidenta. La mujer pudo ungir así a un hombre que le garantiza disciplina y cohesión. Se inclinó por el formoseño José Mayans, que ofrece los mejores pergaminos.
Considera a Cristina víctima de una persecución judicial. Vitupera cada vez que puede al juez Claudio Bonadio.
Mayans tendría otra virtud. Responde al vitalicio gobernador de Formosa, Gildo Insfran. Ha sido en todo el tiempo pasado un incondicional de los Kirchner. Se prestó también a la foto de los gobernadores con Alberto. Pero nunca será un militante entusiasta de ese espacio peronista con que cuenta el presidente electo para equilibrar la balanza en el Frente de Todos.
La unción de Mayans tampoco debería ser interpretada como una claudicación de Cristina en el afán por consolidar la fuerza en el Senado. Es cierto que había pensado en la senadora mendocina, Anabel Fernández Sagasti, de su propia cuna, para comandar el bloque K. Privilegió la posibilidad de la unidad con sentido estratégico.
La historia, sin embargo, podría tener otro capítulo. Fernández Sagasti quedaría como presidenta provisional del Senado. Un cargo de talla. Puertas afuera y adentro del recinto. Integra la línea sucesoria presidencial.
Participa del comando de las sesiones cuando la vicepresidenta se ausenta.
Tiene derecho a intervenir en las reuniones de labor parlamentaria.
La novedad ha sido el fortalecimiento objetivo de Cristina también en Diputados.
Máximo Kirchner, su hijo, será el titular del bloque. Para consumar el objetivo se recurrió a un gambito. También en este caso la salida fue facilitada por Alberto.
Ofreció a Agustín Rossi ?igual que a Caserio-- un lugar en el futuro gabinete.
Las pistas indican que recalará de nuevo en el Ministerio de Defensa, donde estuvo hasta el 2015.
Allí pueden surgir dudas acerca de hasta dónde toda la articulación agrada al paladar del presidente electo. Alberto viene so breactuando hace tiempo la figura de Máximo.
Casi en el estándar de un posible estadista.
Pero la entronización del hijo de los Kirchner implicará también un desafío para el próximo titular de la Cámara de Diputados.

 

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