Agenda

07/06/2020

Agenda de la Mañana

Agenda de los diarios

 

Récord de contagios por Coronavirus en un día

 

 

Se registraron 983 nuevos casos de coronavirus, casi todos en el AMBA. Hoy termina el aislamiento social en 18 provincias. Hubo 16 muertes en las últimas 24 horas.

(Clarín - Página 12 - Crónica - Popular)

Otros temas

 

El bono de $ 10.000 sigue en junio y planean mantenerlo después de la pandemia.

El Gobierno pagará desde mañana la segunda cuota del Ingreso de Emergencia que cobran 9 millones de familias. Y prepara un tercer pago correspondiente a junio para hogares afectados por el parate de la cuarentena. En esa línea, diseñan un padrón de unos dos millones de personas (sin ningún ingreso) para que sigan cobrando los $ 10.000 cuando pase el Covid-19. (Clarín)

Espías.

Página 12 tuvo acceso a las fichas de los casi 500 periodistas, empresarios y académicos espiados por los servicios de inteligencia de Macri a pedido de Bullrich. Incluyen datos personales e ideológicos y se los categoriza de acuerdo con su relación con el Gobierno. También hay informes de infiltrados. (Página 12 - Perfil)

Arrancó el operativo casa por casa.

El programa Detectar permitió establecer 12 casos compatibles con coronavirus en ese barrio porteño, uno de los que tiene más afectados. Crecieron también los infectados en las comunas del Sur de la Ciudad. (Popular - Crónica)

El presidente descató por ahora la vuelta del fútbol.

Fernández puso en duda que los equipos puedan cumplir los protocolos y agregó: ?Sería una locura? volver a jugar al fútbol con público. (Popular)

La Entrevista

 

Martín Guzmán, Ministro de Economía de la Nación

?Veo un peronismo aggiornado en lo económico?

(Perfil)

Agenda Política

 

La Magistratura dará prioridad a 300 juicios antes de tratar los de Cristina.

El titular del organismo, Alberto Lugones, dijo que hay una larga lista de casos que se deben resolver antes de los que complican a la vicepresidenta. Son causas por narcomenudeo y juicios por delitos menores en las provincias, que deben resolver distintos jueces. (Clarín)

Justicia: el kirchnerismo interviene y redefine el rumbo de la reforma.

La Justicia está de feria y en cuarentena, los tribunales federales de Comodoro Py están cerrados por coronavirus y los juicios por corrupción contra Cristina Kirchner y algunos de sus exfuncionarios están suspendidos. Sin embargo, el kirehnerismo impulsa a todo ritmo cambios centrales en la administración de justicia y deja su marca en cada iniciativa. A tal punto es así que la vicepresidenta modificó el criterio de la reforma judicial que planificaba el Gobierno para oxigenar Comodoro Py, y, con ello, consiguió tener incidencia en las vacantes de jueces que se van a producir. (La Nación)

Dura replica opositora por las críticas a Macri.

La oposición reaccionó con dureza a las críticas del jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, quien afirmó que ?habría sido una catástrofe si Mauricio Macri hubiera gobernado el país en tiempos de la cuarentena?. La mesa directiva de Pro, encabezada por Patricia Bullrich, advirtió que la frase de Cafiero ?es una provocación que no contribuye al diálogo político que el propio Gobierno dice impulsar?. (La Nación - Popular)

Internacionales

 

Multitudes contra la violencia racial.

En la movilización más masiva desde la muerte del afroamericano George Floyd, decenas de miles de personas protestaron ayer en varias ciudades de Estados Unidos y del resto del mundo, con epicentro en Washington, contra la brutalidad policial y la discriminación racial. ?¡Sin justicia no hay paz!?, clamaron los manifestantes que marcharon frente a la Casa Blanca y el Capitolio (foto), en un estallido social que sacude a Estados Unidos y que se ha convertido en un desafío para el presidente Donald Trump. (Clarín - La NaciónPerfil  - Popular)

Columnas

 

Joaquín Morales Solá
Principio del fin para el juez más polémico

Nunca se sabe con precisión cuándo es el principio del fin de una era, de un destino o de la influencia de un funcionario. Pero es posible que ese instante, en el que todo conduce a la finitud, haya comenzado para el juez Rodolfo Canicoba Corral. El magistrado tenía hasta hacía pocos días cuatro expedientes en el Consejo de la Magistratura. Todos lo cuestionan por supuesta corrupción en el ejercicio del cargo y por enriquecimiento ilícito. El quinto expediente entró el miércoles y también lo investigan por el alquiler de una fastuosa casa en un country. La presencia de esa casa en la vida de Canicoba Corral fue una información de la nación publicada el martes último. Dos diputados opositores presentaron 24 horas después la denuncia ante el Consejo.
Nadie tuvo nunca tanta astucia como Canicoba Corral para entrelazar su función de juez con los pliegues y repliegues de la política. Siempre tenía algo para ofrecer y siempre la política, en cualquiera de sus expresiones, tenía algo para pedirle. Mientras crecía su fortuna personal (o la de su esposa, que es la titular de muchas de sus propiedades), el juez conseguía que macristas o cristinistas concluyeran en que era mejor tenerlo a él que cambiarlo por otro.
Ocurrió un desastre en la vida de Canicoba Corral cuando renunció el juez Norberto Oyarbide. Hasta entonces, la obscena ostentación de riqueza de Oyarbide y sus actitudes y declaraciones extravagantes cubrían a los otros jueces deshonestos en los tribunales federales. Varios renunciaron o fueron destituidos cuando finalmente quedaron expuestos. Así fueron los casos de Jorge Ballestero y de Eduardo Freiler, camaristas que dejaron de ser jueces después de una investigación sobre sus bienes o cuando los amenazaron con investigarlos. Resta Canicoba Corral, el más polémico, el más sospechado de prácticas inmorales en su gestión como juez federal. Tuvo el arte -todo hay que decirlo- no solo para trabar alianzas con gobiernos distintos, sino también para abrir grietas de disenso dentro de un mismo gobierno. Macri comenzó pidiéndole la renuncia (lo hizo a través de su entonces ministro de Justicia, Germán Garavano) y terminó ayudándolo a huir de la investigación del Consejo de la Magistratura. Fue clave la intervención de Daniel Angelici, expresidente de Boca y amigo personal de Macri, para cambiar la posición del anterior gobierno. Lo ayudaron a postergar las investigaciones, pero las causas que lo inculpaban no se cerraron. Canicoba Corral odió por eso al macrismo.
Si Alberto Fernández y Marcela Losardo no fueran presidente y ministra seguramente promoverían la destitución del juez. Alberto Fernández dijo públicamente que Canicoba Corral es un juez corrupto. Pero instalados en los cargos que tienen no pudieron eludir las presiones del cristinismo para salvar al juez. ¿Qué ofrece Canicoba Corral para promover tantas y tan disimiles adhesiones? ¿Cuánta capacidad de presión tiene como para fracturar las coaliciones gobernantes? ¿Qué promete? ?Protección y cajoneo?, responde un funcionario que vio la trayectoria del caso Canicoba Corral durante los dos gobiernos. El actual presidente prometió terminar con la constante colusión entre la política y la Justicia. No pudo (o no quiso) aplicar esa política en el caso de Canicoba Corral.

Jorge Fontevecchia
La conferencia de Sérgio Moro (II)

Muchas prohibiciones hacen más atractivo lo prohibido. Sucede en el terreno individual que estudia la psicología: ?La prohibición convoca al deseo?, como a nivel social: la antropología estructural de Lévi- Strauss coincide con Freud sobre la condición inaugural de la cultura que tienen las prohibiciones.
Como la prohibición también hace ?notorio? lo prohibido al conocerse la cancelación de la conferencia del ex juez de Brasil Sérgio Moro titulada ?Democracia, Estado de derecho y combate a la corrupción?, a raíz de la ?desinvitación? de la Facultad de Derecho de Buenos Aires -produci- da paradójicamente por su Centro de Estudios sobre Transparencia y Lucha contra la Corrupción-, aparecieron otras instituciones ofreciendo sustituir a la Facultad de Derecho de Buenos Aires.
La presidenta del PRO, Patricia Bullrich, le escribió a Sérgio Moro ofreciendo organizar su conferencia. También el presidente del Colegio de Abogados de Buenos Aires, Máximo Fonrouge, le envió una nota formal invitándolo a realizar su conferencia en esa institución. Sérgio Moro declinó ambas invitaciones argumentando que no quería que se interpretara su conferencia como un hecho político opositor al gobierno aumentando la incomprensión sobre la causa del Lava Jato, que a la distancia lleva a no pocos argentinos a simplificarla asociándola solo con la condena a Lula cuando el ex presidente de Brasil tiene condena de otro juez federal que no es Moro en otra causa, además de haber sido condenado por dos cámaras federales diferentes, en algunos casos aumentando la pena impuesta en primera instancia, y el Supremo Tribunal, equivalente a nuestra Corte Suprema.
En la causa del Lava Jato, Sérgio Moro condenó también al líder de la oposición de Lula y presidente de la Cámara de Diputados, que produjo el impeachment a Dilma Rousseff, junto al gobernador del estado de Paraná, también de signo contrario a Lula. Y además de a funcionarios del Partido de los Trabajadores, Moro condenó a veinte diputados y senadores de todos los partidos de la oposición del PT: 7 del PMDB, 5 del PP, 4 del PTB, 2 del SD y 2 del PSDB. Y lo más importante: condenó a sesenta empresarios de las principales proveedoras del Estado que pagaban sobornos desde mucho antes de que Lula fuera presidente.
Pero al mismo tiempo que Moro desechaba los ofrecimientos de Bullrich y Fonrouge, el decano de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad del Litoral, Javier Aga, quien semanas antes me había invitado a dar una conferencia sobre la crisis mundial, me escribió para proponer trasladar la invitación a Moro y que esa Facultad de Derecho sustituyera a la de Buenos Aires.
Fundada en 1889, la Universidad del Litoral es una de las más tradicionales universidades públicas argentinas: dos de los cinco miembros de nuestra Corte Suprema son egresados de su Facultad de Derecho: Ricardo Lorenzetti y Horacio Rosatti, y en el edificio del rectorado de la universidad se realizó la última Convención Nacional Constituyente, que dio origen a nuestra Constitución de 1994, y también fue elegido para el primer debate presidencial realizado en el interior del país, en 2019.

Mario Wainfeld
Los desafíos de la nueva normalidad

Néstor Kirchner era cuestionado o ensalzado al comienzo de su mandato presidencial porque abría muchos frentes de conflicto.
Demasiados, contabilizaba la derecha nativa. En general, contra los legados de la dictadura y del neoliberalismo. En particular, contra la Corte Suprema, los represores del terrorismo de Estado.
En detalle, contra los acreedores externos a quienes no atacaba pero con los que negociaba con patriótica fiereza. Alberto Fernández, jefe de Gabinete todo el cuatrienio, jugó en Superliga por primera vez en aquel contexto.
Como presidente AF también se bate en varios frentes en circunstancias más desventajosas que las de Kirchner, quien tampoco amaneció en el Paraíso. El hombre contaba con baja legitimidad de origen a diferencia de Fernández. La oposición política estaba diezmada tras el horrible gobierno del presidente Fernando de la Rúa. Ahora conserva fuerza y juega en bloque con el establishment. Las catastróficas consecuencias del default ya se habían producido y se contaba con el beneficio relativo de no tener que pagar deuda privada.
La economía florecía, circunstancia que hoy provoca saudades.
El decisionismo de Kirchner, piensa este cronista, acrecentó su popularidad tras el acné antipolítico (antigobernantes, quizá) del ?que se vayan todos?.
La legitimidad de ejercicio de AF escaló gracias a su gestión en la crisis sanitaria: por la decisión temprana de la cuarentena y por el modo de construir decisiones.
La renegociación de la deuda constituía un desafío inevitable. El resto de la agenda entró en hibernación o se lentificó, incluyendo la promesa de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo.
El horizonte fugitivo de la nueva normalidad obsesiona al Presidente.
Lo activa una nueva hi- perquinesis. Recorre provincias, pernocta en un par. Se interna en las fábricas que reabren. Integrantes del gabinete se dejan ver con cascos y barbijos, a veces remixando el mundo productivo y la política sanitaria como el Jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, y la secretaria de Acceso a la Salud, Carla Vizzotti, cuando enfilan a Chaco. El ministro de Economía Martín Guzmán escapa un rato del insalubre microclima del canje de deuda y recorre algún establecimiento. El mensaje es claro: el Estado nacional está presente en todos los territorios, acompaña, coprotagoniza e incentiva la vuelta al trabajo.
Incursionando apenas en la psicología de los funcionarios, salir del contorno del AMBA cumple otra funcionalidad: los energiza, les carga las pilas.
? ? ? La Primera Enmienda: La República (que así suele nombrarse Argentina en la jerga del canje) presentará una enmienda a su oferta inicial ante la SEC estadounidense por ahí antes del viernes próximo. La burocracia financiera exige un Decreto de Necesidad y Urgencia más papelería frondosa plagada de números y tecnicismos políglotas para llevar a Nueva York. Recién entonces comenzarán a correr nuevos plazos, que se miden en días, semanas si hay viento a favor.
Se acercan posiciones con los bonistas privados aunque media un abismo de miles de millones de dólares y de diferencias en los plazos de gracia.
Los Fondos de Inversión matizan su lenguaje despectivo. El archi poderoso BlackRock cambia a su representante, movida en la que seguramente influyó una sugerencia- presión del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador (AMLO) comentada en este diario semanas atrás. El enroque implicó, maquinan en Hacienda y la Casa Rosada, un mínimo gesto de distensión. Un lobbista del Grupo Clarín despide en su panorama empresario al ex enviado, haciendo pucheros.
? ? ? Invisibles y visibilizados: En los suburbios de la mesa-zoom de negociación el Gobierno articula con aliados invisibles. El aludido AMLO, el financista David Martínez que sabe comportarse como ami-enemigovio del Grupo Clarín.

Eduardo Van Der Kooy
La cuarentena fisurada

La primera ministra de Noruega, Erna Solberg, confesó que las medidas de confinamiento estricto en su país fueron ?tal vez? exageradas para enfrentar al coronavirus. Esa nación registró 238 muertos y un promedio de 4,48 cada cien mil habitantes. El jefe de epidemiología del gobierno de Suecia, Anders Tegnell, que diseñó el plan sin encierro riguroso, admitió que las muertes producidas fueron demasiadas. ?Podríamos haberlo hecho mejor?, sinceró ante los periodistas. El más importante país de Escandinavia tuvo 4.639 víctimas con una media de 45,59 por cada cien mil habitantes.
Esa sorprendente capacidad de autocrítica contrasta con la cerrazón que en medio de la emergencia caracteriza a la Argentina. Tan grande, que Alberto Fernández hasta dudó en aceptar que aquel abrazo público con el gobernador de Formosa, Gildo Insfrán, resultó una imprudencia. El jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, sostuvo que el Gobierno propugna la ?antimuerte?. Como si aquellos que objetan aspectos del plan de cuarentena fueran asesinos.
El joven funcionario pareció enamorarse de otra frase. Aseguró que el virus ?es democrático para contagiar pero clasista para matar?.
Golpea más, sin dudas, en los sectores vulnerables. ¿El desastre económico no afecta también a los que menos tienen? Tal vez a Cafiero no se le ocurrió autointerpelarse.
El Gobierno trinó por una declaración de intelectuales y científicos que formuló críticas.
Muchas de ellas atendibles. Como subrayar la acumulación de poder que desde la pandemia hace el Gobierno a través del Estado.
Para el peronismo tal simbiosis siempre resulta natural. Pero aquel grupo también pareció despistar cuando habló de ?infectadura?.
Intento de asociar al poder actual con una dictadura.
Se trata del mismo berretín que el kichnerismo desplegó en los cuatro años de Mauricio Macri. Continúa aún hoy con la lanza de Cristina Fernández. Con su presunta persecución por las causas de corrupción, el endeudamiento y la red de espionaje de ese tiempo que denunció ante la Justicia la titular de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), la fiscal K Cristina Caamaño. Se refleja además en el afán por adulterar las razones de la muerte de Santiago Maldonado (2017).
El país se va desenvolviendo, mientras tanto, en dos planos. La sociedad padece, pero exhibe cierto acostumbramiento al estado de excepción. Quizá porque desde la crisis del 2001, con breves respiros, vive en esa situación.
Nacen las primeras rebeliones, aunque aún focalizadas. El Gobierno se empeña en hacer creer que todo transcurre dentro de cierta normalidad. Que no es tal. Ni social, ni económica, ni político-institucional.
El propio Gobierno se jacta de situaciones que nadie sabe cómo hará para desandar. Porque son insostenibles. El ministro de la Producción, Matías Kulfas, describió que el 89% de la población vive en un hogar donde algún miembro percibe un ingreso por parte del Estado. Una golosina del discurso oficial que se afronta con emisión de papel moneda.
Nadie conoce, dentro y fuera del poder, cómo continuará la historia cuando la pandemia ceda.
Por ahora, ambos dificilísimos desafíos conviven. El Gobierno sigue esperando el peor momento del coronavirus en el AMBA (ámbito metropolitano). Agregó tres semanas de encierro a partir los 80 días que se cumplen mañana. La economía sigue en derrumbe. Las caídas de la construcción (75´,6%) y la industria (33,5%) estremecen. La Argentina fue el único país en el mundo con industria automotriz que en abril no fabricó una sola unidad.
El deterioro social asombra. Un trabajo del Observatorio de la Deuda Social (UCA) en el AMBA hecho en cuarentena resulta revelador.
En el Conurbano el 42,6% admite que sus ingresos se redujeron un 50%. El 20,7% más del 50%. En la misma zona el 45,5% sostiene que los ingresos no cubren sus gastos básicos.

Corrientes
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