Deportes

31/08/2026

Las Leonas son campeonas del mundo y llegaron a su tercera estrella para extender un legado

Argentina derrotó por 3 a 1 en los penales a Países Bajos tras igualar 1 a 1 en su mejor partido del campeonato. Un seleccionado que es un orgullo para el deporte nacional desde hace 26 años.

Imposible no trazar un paralelismo. Imposible no decir que Cristina Cosentino remite en los penales a la también gigante Mariela Antoniska en Perth 2002. Imposible no afirmar que María José Granatto recuerda con su tremenda habilidad en el círculo a Soledad García en Rosario 2010. Imposible no recordar a Karina Masotta y a Luciana Aymar cuando la propia Granatto y Agostina Alonso, las dos capitanas del equipo, levantan la copa en Amstelveen 2026. Imposible no emocionarse. No llorar. No derrumbarse de la alegría. No pensar todo lo vivido. Y todo lo transitado hasta llegar a esa tercera estrella del hockey argentino. Las Leonas lo consiguieron. Lo hicieron posible y extendieron un legado que se alumbró hace 26 años, en aquel nacimiento de Sidney 2000. Argentina no sólo ganó su tercer Mundial y no sólo derrotó al mejor equipo del mundo, al que domina el hockey femenino con mano de hierro desde hace por lo menos una década en una forma ininterrumpida. La Selección femenina demostró que con trabajo y con pasión pueden quedar atrás todas las dificultades. Porque también es imposible no hablar de los problemas que tiene el hockey nacional, de la falta de infraestructura, de una carpeta sintética del Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo que deberá cambiarse en el segundo semestre -al menos esa es la promesa- de cara a los Juegos Olímpicos de Los Angeles y que sólo ellas la pudieron utilizar (porque los Leones que buscarán el bronce prepararon el Mundial en San Fernando) gracias a que se la limpió dos veces de lo maltratada que está. Un ejemplo que marca a las claras la diferencia con Países Bajos, por ejemplo: la cancha en la que se jugó el Mundial fue instalada meses antes del torneo y en los próximos días será reemplazada por una nueva porque esa se irá a un club vecino del estadio Wagener... Las Leonas son campeonas mundiales y lo son con una absoluta justicia porque en el balance de la final fueron superiores a las neerlandesas y, sobre todo, porque a lo largo de un torneo en el que rindieron de menor a mayor resultaron las mejores. En el partido decisivo el planteo de Fernando Ferrara fue llevado adelante a la perfección por sus jugadoras desde el comienzo nomás cuando Argentina tuvo la posesión de la bocha y defendió con prolijidad, sabiendo que no debía dejar espacios vacíos. Se privilegiaron las bandas para evitar la fuerte zona central de la línea de volantes adversarias y entonces el seleccionado se animó a jugar tras presionar por todos lados y en cada rincón a Países Bajos. El gol de corner corto de Yibbi Jansen que llegó a falta de apenas 47 segundos para irse al descanso largo -el único error de la enorme Cosentino en el partido porque le cedió su palo- no golpeó el ánimo de las ganadoras porque en el segundo tiempo Argentina borró de la cancha a las neerlandesas. Y lo hizo con intensidad, concentración, convencimiento, orden defensivo y agresividad en el ataque. Así llegaron los siete cortos contra sólo tres del rival y en el último fue María José Granatto la que marcó el empate luego de que la arrastrada de Gorzelany fuera desviada por Díaz y a la goleadora le quedara la pelota suelta para convertir. Después llegaron los penales en los que brilló Cosentino al atajar dos y en los que volvió a definir -como en el partido por el bronce olímpico de París 2024- Sofía Cairó, la mejor jugadora argentina en el Mundial. Hay un partido que para estas Leonas campeonas del mundo marcó un quiebre. Fue la goleada que Países Bajos le propinó el 10 de diciembre del año pasado en Santiago del Estero. Aquel partido marcó un antes y un después y a partir de allí el equipo cambió. Creció en lo individual y en lo colectivo y esa mejora se coronó con un nuevo título. Este Argentina es un equipo que se adapta al hockey moderno, muy intenso, muy rápido, con jugadoras muy preparadas físicamente para correr con la pelota y con una jugada fija a cargo de Gorzelany que se transformó en una de las mejores del mundo. Pero este Argentina también tiene similitudes con aquellos que hicieron historia por la pasión, la garra y la entrega que jamás se negociaron y se negociarán. Este equipo en su versión 2026 no tiene quizá las individualidades que brillaron en 2002 y, sobre todo, en 2010, pero tiene un juego de conjunto basado también en una intensa presión con la que supo maniatar y disminuir a una mínima expresión a Países Bajos, que iba por su cuarto título al hilo. Aquel campeón del mundo de Perth tuvo una defensora como Cecilia Rognoni que era inexpugnable y adelante, más allá de la fractura que la marginó en la mayor parte del torneo a Vanina Oneto, encontró a una juvenil Soledad García para ser el complemento ideal de Masotta. Más allá del aporte de Antoniska en el arco, de Magdalena Aicega y Mercedes Margalot en la defensa y de Ayelén Stepnik en el mediocampo, apareció, claro, la magia de Luciana Aymar, la mejor jugadora de todos los tiempos. Ocho años después, en Rosario, el mundo vio la mejor expresión hockística argentina en un Mundial. Porque el equipo ganó todo lo que jugó, porque sólo le marcaron tres goles en todo el torneo, porque hubo mucha solidez, una combinación perfecta de juventud y experiencia y porque adelante existió una combinación perfecta entre la velocidad de Carla Rebecchi y Delfina Merino, la calidad técnica y la inteligencia táctica de García y el talento inoxidable de Aymar moviendo los hilos del ataque. Pero además aquellas Leonas tuvieron firmeza defensiva con Silvina D''Elía, Claudia Burkart y Noel Barrionuevo, dueña además de un corto fenomenal; y volantes tremendos como Mariela Scarone y Mariana Rossi en el doble 5, Mariné Russo y su experiencia para manejar los tiempos de cada partido y Daniela Sruoga y su equilibrio. Es difícil comparar, pero las Leonas de Ferrara, al mejorar su sistema defensivo, comenzaron a crecer. Y su falta de agresividad y pimienta ofensiva en el ataque y de juego con la pelota la suplieron en el partido más importante de todos con el compromiso y la unidad del conjunto. Levantaron con las atajadas de Cosentino; con la seguridad de Toccalino y Castellaro en el fondo; con el corto de Gorzelany; con el equilibrio de Alonso, la intensidad de Trinchinetti y el despliegue de Cairó en el medio; y con el talento de Granatto y la velocidad de Díaz adelante. También es difícil poner en el análisis a Países Bajos y aunque la versión actual no tenga jugadoras diferentes como sucedía en el pasado, siempre es un adversario de temer. A ese equipo le ganó una Argentina que, además, tiene un gran futuro porque, por ejemplo, tuvo 10 debutantes mundialistas. En ese equipo nadie defraudó. Y a la hora de la verdad todas emocionaron para terminar con ese abrazo glorioso de 18 Leonas para todos los tiempos. 
 

Fuente: Clarín

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