Amenazas de tiroteo en las escuelas: aumenta el miedo y refuerzan las medidas de protección
Algunos colegios revisan las mochilas antes de entrar o piden que los útiles se lleven en la mano. Hay padres que permiten que sus hijos falten. Cómo afecta psicológicamente a los chicos.
Ir a la escuela no se vive de la misma manera por estos días en Argentina. Hay padres y madres asustados que deciden que sus hijos falten a clase o que, comprensivos, les permiten faltar. Las mochilas se revisan antes de entrar. Los útiles se llevan en las manos. Hay protocolos de seguridad ante posibles tiradores y las amenazas de "mañana tiroteo" se escriben en las paredes de aulas o en las puertas de los baños.
Más allá de un reto viral en TikTok que se investiga como causa de estos cientos de mensajes violentos, la Provincia y la Ciudad de Buenos Aires, al igual que Mendoza, Santa Fe y Tucumán, entre otras jurisdicciones, anunciaron sus medidas en caso de que el terror entre los pupitres se vuelva real. En el caso de Mendoza, anunció la prohibición de mochilas.
Desde "pedirle que saque el dedo del gatillo" si un alumno apunta, y "considerar que el arma siempre está cargada", como detalló el Gobierno bonaerense en sus criterios de actuación frente a este tipo de hechos en establecimientos de la provincia, hasta "proteger la integridad física de inmediato, contactando a servicios de emergencia", como anunció este martes el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri.
En Mar del Plata pasaron a lo punitivo. Se le cobrará a los padres de los chicos que hagan amenazas, y en Tucumán se los echará del colegio. Pero no hay protocolo de salud mental que tenga en cuenta a quienes hoy tienen que entrar al colegio pasando por controles policiales como sucede en más de 100 escuelas de Mendoza- o con el temor de que algo pueda pasar.
"En el colegio, primero nos dijeron que no había pasado nada, pero después una profesora nos contó que apareció una pintada. Y en el baño de los varones, pintaron todas las paredes así que fue para tapar eso. A mí me preocupa porque todas las salidas del colegio desembocan en un mismo lugar", le dijo a Clarín Juan, de 17 años, alumno de quinto año de una escuela porteña.
Habla de lo que él siente al ser foco de sospecha y, a la vez, de cuidado y analiza la escena más allá de su curso. "Nos están revisando las mochilas al entrar, lo que no me parece mal. Sí que no nos dejen ir al baño durante las clases. Creo que todo esto pasa por el nivel de violencia que hay en la sociedad".
En el colegio de Sofía, que tiene 15 años y cursa cuarto año en la zona oeste del GBA, la amenaza de tiroteo fue para el viernes pasado, con una pintada. "Ese día no fui, y nos pasaron falta igual. Re mal, ¿cómo íbamos a ir si había una amenaza para ese día? Después nos enteramos de que unos chicos de quinto fueron a hablar a la dirección y contaron que sabían quién había sido y que no era una joda", cuenta a Clarín.
Las pintadas, que en otro contexto quedarían en fotos subidas a las redes y podrían leerse como una "broma adolescente", vienen ocurriendo desde hace casi 3 semanas, después de la masacre de San Cristóbal, en Santa Fe, cuando un alumno de 15 años entró armado a la Escuela N°40 "Mariano Moreno" y mató a Ian Cabrera, de 13 años. Ya es un tema de Justicia. Pero, ¿puede aportar algo la psicología?
"Las amenazas escolares son un fenómeno documentado por la investigación criminológica: la cobertura extensa de un evento violento y su circulación masiva en redes predice un aumento estadístico de eventos similares en las semanas siguientes. El mecanismo puede operar por imitación, búsqueda de notoriedad o integración en un desafío viral", explica Juliana Lanza, directora de la Fundación Iberoamericana de Salud Pública (FISP) y experta en Psicotraumatología.
Esto implica que los perfiles de alumnos que podrían escribir esos mensajes son heterogéneos, al igual que las reacciones de temor o indiferencia de quienes no tienen nada que ver con esas amenazas.
"No todos los emisores de amenazas presentan un riesgo clínico grave; en muchos casos la motivación es la pertenencia a un reto colectivo, sin elaboración del daño que genera. Pero la regla operacional -dice Lanza- es inapelable: toda amenaza se trata como real. La evaluación de credibilidad y motivación ocurre después del protocolo, no en lugar de él".
Por lo que, sin ameritar en todos los casos la ausencia en la escuela, sí requiere la intervención de las autoridades, tanto en prevención y control, como en contención ante una pintada.
"La psicología no puede predecir, eso es imposible, pero sí permite la detección temprana de trayectorias de riesgo. Eso requiere que clínicos, equipos escolares y profesionales de salud pública compartan un lenguaje común sobre señales conductuales observables, dinámica grupal online y mecanismos de escalada", cierra.
¿Cuál es la consecuencia psíquica de que la escuela -el lugar seguro- sea un lugar amenazante? "Es una situación sumamente angustiante para los adolescentes. Los compañeros habituales, el amigo o el vecino, pueden convertirse en peligrosos. Se crean recelos y muchos miedos de quién es el otro y qué puede pasar", explica a Clarín Alejandra Doretti, psicoanalista de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), y quien está siendo consultada por instituciones para lidiar con estas pintadas.
"Lo que percibí, hablando con autoridades de los colegios, es que los adultos están muy desorientados. En nuestro país no tenemos todavía los protocolos armados para estas situaciones, recién se están instrumentando. Es un fenómeno de imitación que se ha esparcido como un reguero de pólvora. Los adolescentes perciben el desconcierto del adulto y que están tratando de generar cuestiones de protección, pero que todavía son inciertas, tanto en el país, a diferencia de en Estados Unidos, donde esto ya tiene mucha historia", marca.
"No me da miedo, porque vi qué pasó en muchos colegios. Pero hay otra mitad del colegio que tiene miedo. Sí cambiaron las cosas, si vas al baño te tienen que anotar, hay más seguridad. Afuera del colegio siempre hay dos patrulleros de cada lado", dice a Clarín un alumno de una escuela de Flores.
Fuente: Clarín






