Cerró en Luján el polémico basural a cielo abierto que fue el más grande del país
El histórico predio, de 13,8 hectáreas, dejó de recibir residuos el 1° de julio; los vecinos cuentan que ya no les llega olor ni humo. Resta sanear un sector y trabajos de remediación
Durante más de medio siglo, el destino de los residuos de Luján representó la postal más compleja e incómoda de la ciudad: un predio de 13,8 hectáreas ubicado en el área periurbana que llegó a convertirse en el basural a cielo abierto más grande del país. Allí se acumularon a lo largo de 52 años toneladas de residuos que llegaban sin ningún tipo de tratamiento, entre humo, olores, lixiviados, quemas y montañas de basura que, en algunos sectores, alcanzaron una compactación de hasta 30 metros de profundidad. A su alrededor también se fue consolidando otra realidad: barrios postergados expuestos a la contaminación, así como también los cientos de vecinos que hicieron del reciclaje de los desechos una fuente de ingresos.
Ese escenario comenzó un proceso inverso en el último lustro con la puesta en marcha de un plan integral para cerrarlo y sanearlo a partir de un préstamo tramitado por la Nación con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que contemplaba una serie de obras para que Luján tenga su propio centro de tratamiento y disposición final de los residuos con la integración de los recicladores. Si bien la remediación aún no fue completada y las tareas quedaron atravesadas por una disputa judicial que trabó sus avances, el complejo fue cerrado definitivamente por la municipalidad el pasado 1° de julio.
Desde entonces, los residuos domiciliarios de Luján pasaron a ser trasladados a la Ceamse. Son 97,8 toneladas diarias, un costo que representa 80 millones de pesos al mes. En 2026, la gestión integral de residuos se fijó dentro del 7,9% del presupuesto anual. A la vez, ese gasto equivale al 45,7% de lo recaudado por la Tasa por Servicios Generales (TSG). ?Gestión integral de residuos no refiere únicamente al traslado a la Ceamse. Comprende el conjunto de la operación cotidiana de recolección de residuos domiciliarios y las tareas de limpieza de la ciudad y las localidades?, explican desde la administración local. Los recuperadores, en tanto, durante los últimos seis meses se fueron integrando a un nuevo centro de reciclado que entrelaza al sector público con cooperativas e industrias.
Pedro Vargas es el director de Residuos Sólidos Urbanos de la Municipalidad de Luján, cargo que ocupa desde el inicio de la transformación del basural. ?Este predio se encuentra totalmente cerrado, clausurado y, a partir de julio, ya no ingresa ningún tipo de residuo?, valora el funcionario en diálogo con LA NACION desde el lugar, donde contempla el cambio a su alrededor: ?Todavía no terminamos de dimensionarlo. Claro que queda mucho por hacer y mejorar, pero el basural ha sido un flagelo socioambiental durante más de 50 años y el hecho de enfrentarlo implicó una decisión política y su cierre ha sido un logro de toda la comunidad lujanense, que ha acompañado?.
Ubicado cerca de la ruta provincial 192, camino a Open Door, el basural a cielo abierto de Luján también conocido como ?La Quema? ?era una tosquera que comenzó a llenarse desde la década del 70 y llegó a recibir alrededor de 120 toneladas de residuos domiciliarios por día. Hoy, el contraste es visible al recorrer el predio: las montañas de basura fueron retiradas en casi dos tercios, unas 9 hectáreas de la amplitud de su perímetro, y la vegetación comenzó a crecer sobre las superficies intervenidas, en un impactante contraste con las escenas del pasado reciente, cuyo estado fue documentado por este medio en febrero de 2021. El proyecto de saneamiento dividió el predio en tres sectores. Los sectores 1 y 2 fueron parcialmente intervenidos: en el primero, la cobertura con tierra alcanza prácticamente la totalidad del área; en el segundo, los trabajos avanzaron de manera parcial. El restante concentra buena parte de los residuos que todavía permanecen expuestos.
Alcanza con avanzar varios metros hacia el fondo para que reaparezca lo que queda del paisaje histórico. Son aproximadamente unas tres hectáreas donde todavía se levantan montañas de residuos. Es la denominada ?zona de sacrificio?, el sector que continuó recibiendo basura hasta el cierre definitivo. El próximo paso, según la municipalidad, es completar el cierre técnico para luego dar inicio a una etapa más lenta de control y recuperación ambiental, un costoso trabajo supeditado a un financiamiento hoy detenido. ?La intención es poder terminar de cubrir y abovedar el residuo restante y hacer un sistema de capping: tapar por completo el predio con tierra y dejar que también la naturaleza termine de hacer su proceso de saneamiento?, explica Vargas, desde el sector más postergado, donde la basura acumulada todavía permanece a la vista.
Es que el pasivo ambiental está lejos de ser un capítulo terminado. Si bien se retiró en etapas buena parte de la basura expuesta, debajo de esas capas de tierra permanecen décadas de residuos depositados y, en algunos sectores, la profundidad aún alcanza varios metros. Desde los inicios, los desechos fueron dispuestos allí sin ningún tipo de tratamiento, por lo que afectaron gravemente la calidad de la tierra y del agua de la zona. El escurrimiento pluvial del predio tiene conexión con el arroyo El Haras, tributario del río Luján.
Esos riesgos se han extendido a los barrios emergentes que conforman el entorno inmediato, denominado ?Bloque Los Santos?: San Pedro, San Fermín, San Jorge, Santa Marta y Villa María. El área de viviendas en la zona se completa con La Loma. En total, todos acumulan un estimado de entre 7000 y 8000 habitantes. Además de ser los más expuestos a la contaminación y las enfermedades consecuentes, la economía informal de muchos de esos vecinos dependía de los residuos que lograban separar allí, recolectar y revender a ?los galponeros? de reciclado. Una figura clave de la ciudadanía para lograr el cierre del basural es Sergio Almada. De 64 años, es vecino de San Pedro, presidente de la sociedad de fomento del barrio e histórico activista por la erradicación. ?Es un enorme logro. Tuvimos muchos palos en la rueda, pero logramos cerrarlo?, destaca en diálogo con este medio. Según explica, el impacto en los vecindarios comienza a percibirse: ?En dos meses ya se nota el cambio. Podemos abrir las ventanas sin sentir el olor y tener el humo con el que nos habíamos acostumbrado a vivir?.
La prolongación de la afectación dejó huellas indelebles en la salud de los vecinos, algo que fueron registrando en distintos controles e informes médicos. ?Estamos llenos de casos de problemas respiratorios. Tengo a mi nieta con una enfermedad crónica en los pulmones. Por suerte, en este invierno no ha habido recaídas. Muchos pudieron desprenderse por primera vez del tubo de oxígeno?, indica Almada. En referencia a ?la zona de sacrificio?, dice que el objetivo ahora es ?tapar todo eso para que se vaya consumiendo de a poco? y desea que, en un futuro, ?todo se transforme en un ecoparque?. Mientras tanto, se dispusieron una vigilancia perimetral permanente y postas de control en el acceso.
Fuente: La Nación






