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27/04/2022

Un argentino, al frente del mayor museo sobre el Holocausto

Se crió en Parque Chacabuco y se mudó a Israel cuando era adolescente. El rol de la memoria.

Al poner un pie en la sede central del Yad Vashem, el Centro de Conmemoración Mundial del Holocausto, lo primero que llama la atención es la escasa cantidad de gente presente en los pasillos. Con la pandemia, la mayoría de las actividades se volcó a plataformas virtuales y ahora los tours guiados se dan para grupos que reservaron previamente. 
Los desprevenidos, o los turistas que quieren visitarlo de imprevisto, tienen que conformarse con hacer un recorrido con las audioguías. "¿Inglés, español, francés, ruso?", preguntan los recepcionistas antes de entregar el handy correspondiente. 
Se escucha a personas hablando en hebreo, obviamente, mucho francés, inglés y también algo de español. Y es en español que Clarín entrevistó a Dani Dayan, el presidente del directorio ejecutivo de la institución encargada de conmemorar, documentar, investigar y promover la enseñanza sobre la Shoá. 
Dayan es el primer argentino en ocupar esa silla en los casi 70 años de historia de la institución, y además, fue el encargado de darle la bienvenida a la comitiva de tres ministros y siete gobernadores argentinos que comenzaron el domingo una gira especial de casi una semana por Israel. 
En ese país, hoy se celebra el Día del Recuerdo del Holocausto. 
Yad Vashem fue creado por una ley del parlamento israelí, la Knesset, en 1953 y se convirtió en un faro para los estudios sobre los crímenes contra la humanidad perpetrados por el nazismo. 
Además de un museo que repasa los principales acontecimientos del Holocausto y detalla la persecución contra las comunidades judías europeas, está el centro audiovisual, que actualmente alberga una exhibición sobre fotografía en los ghettos; la colección de arte; la biblioteca; y numerosos centros de investigación. 
Antes de la pandemia, se calculaba que llegaban alrededor de un millón de visitantes por año. 
Sentado en su oficina, delante de un ventanal que da al Monte del Recuerdo, Dayan recibe a Clarín para la que será la primera entrevista que da para un medio argentino desde que asumió en agosto del año pasado. 
Y decide hablar en español, la lengua materna apenas afectada por la distancia y el paso del tiempo, y en la que habló con sus padres hasta el momento de sus muertes. En el transcurso del diálogo, habrá alguna que otra palabra que no aparezca a tiempo, pero el acento porteño se mantiene casi intacto. 
?¿Cómo han sido estos primeros meses al frente de una organización tan importante como Yad Vashem? ?Cuando volví de Nueva York, donde fui cónsul general de Israel durante cuatro años, que es como ser el embajador de Israel en la comunidad judía más importante de la diáspora, pensé que iba a ser difícil encontrar una misión de esa misma magnitud. 
Y, cuando el gobierno de Israel me pidió ser presidente de Yad Vashem, lo recibí como el honor de mi vida. Es una responsabilidad enorme, porque hay pocas misiones que tengan tanto significado en las dimensiones del pasado, el presente y el futuro. 
?Este es un cargo que también tiene mucho de diplomacia, porque implica estar en contacto con líderes de todo el mundo. 
?Así es. Vienen presidentes, primeros ministros, ministros de Relaciones Exteriores, diplomáticos. Hay diplomáticos que vienen a Yad Vashem en su primer día en Israel, como lo hizo el embajador de Estados Unidos. 
Hay líderes que vienen muy frecuentemente, como Ángela Merkel, que antes de dejar su cargo llegó a Yad Vashem por sexta vez y estuvo durante casi tres horas. 
En esos encuentros con líderes, Dayan les habla de lecciones que toma del Holocausto. "La primera es la necesidad existencial de un Estado judío independiente y seguro; es la única garantía de que no va a haber otro Holocausto del pueblo judío y de que si alguien intenta hacerlo va a haber dónde encontrar respuesta. Les recuerdo lo que pasó con el barco Saint Louis, que en 1939 llevaba refugiados judíos de Alemania y de Austria al continente americano y ningún puerto los dejó tirar ancla; tuvieron que volver a Europa y fueron asesinados. El Estado de Israel es la garantía de que no va a haber otro Saint Louis, y si va a haber Saint Louis va a tener un puerto a dónde llegar". 
Y otro tema que surge, es una preocupación. 
"La segunda cosa que les digo es que el antisemitismo está resurgiendo en todo el mundo. Esto no quiere decir que el mundo de 2022 es similar a la Europa de los años 30 del siglo pasado. No, gracias a Dios no es. Pero nosotros tenemos la experiencia que la generación de los años 30 no tenía, y nosotros sabemos lo que quizás ellos no pudieron imaginar, que es que el antisemitismo puede crecer si no es enfrentado inmediatamente y con determinación". 
?¿De qué maneras ve ese resurgimiento del antisemitismo? ?Hay dos fenómenos, la distorsión y la trivialización del Holocausto. A la distorsión la fomentan a veces algunos gobiernos, que dicen "por supuesto que ocurrió y sí, las víctimas eran judías, pero mis compatriotas no colaboraron con Alemania". Y, lamentablemente, la historia es que en todos los países europeos que estuvieron ocupados o bajo influencia de los nazis, hubo más colaboradores que gente que ayudó a salvar judíos. Y eso hay que decirlo. A la trivialización la vemos muy frecuentemente, y tiene que ver con esas comparaciones entre, por ejemplo, el pase sanitario y las estrellas amarillas de los nazis. 
No podemos dejar pasar este tipo de cosas sin combatirlas. 
?Hablemos un poco de Argentina. Te criaste en Buenos Aires y viviste allí hasta los 15. 
?Llegué a Israel cuando tenía 15 años, hace más de 50 (risas). Nací en Buenos Aires, me crié en Parque Chacabuco y tengo memorias muy lindas de mi infancia. Mi papá llegó de Ucrania cuando tenía siete años y mi mamá nació en Haedo, en la provincia de Buenos Aires. Se conocieron, se casaron, vivieron un tiempo en Avellaneda y después en la zona de Parque Chacabuco. 
?¿A qué colegio fuiste? ?Iba en realidad a dos colegios, a uno público y a uno de educación judía. 
El de la primaria se llamaba Antonio Zinny y después fui al Normal Mariano Acosta. Tengo muy buenos recuerdos. 
Estábamos muy cómodos en Argentina y vinimos a Israel como sionistas, mis padres y yo. Mis padres, que ya fallecieron, creían, y yo sigo creyendo, que Israel es la patria del pueblo judío. Cuando mi familia emigró de Europa a la Argentina, emigró por los pogroms, por las persecuciones a los judíos. Mi papá me decía: "Dejamos Europa con una maldición entre los labios". Y cuando nos fuimos de la Argentina a Israel, dejamos a la Argentina con una bendición entre los labios, porque todo lo que soy, mi formación, mi educación, decía mi papá, se lo debo a la Argentina.  

Fuente: Clarín

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