Internacional

14/08/2020

Roma agoniza, vacía de turistas y con las persianas bajas por el golpe del Covid

Emergencia. Comerciantes y hoteleros estiman pérdidas millonarias. Temen un cierre definitivo tras la pandemia.

Amplia sonrisa de un rarísimo turista norteamericano. "Nunca vi tan a la mano a Roma. Sin gente se puede pasear tranquilamente", dice. Sólo 90 hoteles trabajan poco sobre mil que en su mayor parte están cerrados. Una capa depresiva se extiende sobre el calor agobiante de estos días del peor verano que se recuerda. Pero no es por la temperatura. El problema es el coronavirus.

Agoniza el centro histórico de la urbe. Están todos los monumentos, las calles fascinantes, los museos, los negocios, los bares, los restaurantes. Falta la gente, los turistas venidos de Estados Unidos, China, Rusia. Los ricos que asediaban los grandes negocios, hoy visitados de tanto en tanto por gente que pregunta mucho y gasta poco.

En la vía Condotti, corazón de la segunda peregrinación romana (la primera al Vaticano, la segunda al shopping en torno a Piazza España), en tres cuadras hay 14 negocios que bajaron la persianas. Gucci, frente a Prada, a cien metros de las escalinatas, luce desolada. Ya cerró su otro negocio en la zona, apenas a la vuelta. Por vía Condotti trotan los caballos de los mateos, todos vacíos.

Están los turistas italianos o de algunos países limítrofes. También son pocos, la mayoría se detienen en las playas italianas. Desde los negocios, los empleados que reciben del gobierno una parte del sueldo lanzan miradas lánguidas a los escasos peatones. Todos ofrecen saldos, hasta del 70%. "Las ventas están lejos de cubrir los gastos", explica Mariana, que vende vestidos y zapatos de buena calidad.

Los comerciantes protestan y protestan. Piden que el gobierno los ayude a fondo perdido o tendrán que cerrar para siempre. Entre julio y agosto han salido decretos oficiales que abren la bolsa. En el barrio más tradicional de la ciudad, el Trastevere, el argentino Adrián Rodríguez, 73, explicó a Clarín: "He recibido hasta ahora mil euros y un crédito de impuesto". No basta. 

Rodríguez se defiende con un negocio artesanal con una clientela sólida. Fabrica magníficos relojes de sol y otros objetos únicos. Vende muy bien unos globos terráqueos alemanes que cambian con un "click" de la geografía al mapa político. Visitarlo en su local cercano a la plaza de Santa María in Trastevere es encontrar un pequeño mundo de piezas únicas. Adrián vende a coleccionistas de relojes de sol de todo el mundo, pero el golpe de la pandemia sobre el Trastevere es también demoledor.

"Tuve el negocio cerrado tres meses, pagando el alquiler caro y todos los gastos. Perdí veinte mil euros", cuenta. Consiguió un nuevo contrato que le rebaja el alquiler, pero si viene la segunda ola de la pandemia todo será más dramático.

Luca Patané, de la Confcomercio, recuerda que "el período junio-setiembre valía el 60% del año", antes del virus. "Un dato terrible es que los turistas transatlánticos no pueden venir por la pandemia y los vuelos se han reducido en un 91%".

En los hoteles las exigencias de higiene especial hacen más costoso el trabajo de empleados que siguen en sus puestos. Es inevitable "dividir una torta que ya no sacia a ninguno", explica Francisco Gatti, presidente de la Assohotel romana.

En agosto se ha producido un pequeño crecimiento de turistas, pero a costa "de reducir los precios a la mitad", señala otro dirigente hotelero, Giuseppe Roscioli. Albergues de cuatro estrellas como el Condotti Palace, muy cerca de plaza España, remata sus habitaciones a solo 67 euros. Con desayuno incluido.

Francesco Gatti, propietario de tres hoteles, con uno solo abierto, señala que la nacionalidad de las clientelas se restringe a franceses, "un poco de españoles" y algunos ingleses.

Una tragedia en la tragedia la viven los restaurantes y bares, que obtenían una buena parte de sus ingresos con los almuerzos al personal de las empresas. Todo se acabó con el trabajo en casa, que según algunas cuentas en Roma ha costado la pérdida de 400 mil clientes.

"Nos estamos desangrando", afirman las asociaciones de comerciantes, que estiman pérdidas en la ciudad por 130 millones de euros mensuales. Todos piden ayuda al gobierno que, con un aumento continuo del déficit público, tapa agujeros con todo tipo de subsidios.

Fuente: Clarín

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