Negocios y economía

28/04/2020

Cuarentena: los libros por delivery se venden más de lo esperado

La entrega a domicilio les permitió a los libreros salir de la inactividad y atenuar días de parálisis.

La compra de un libro debe mucho a la vivencia presencial: la entrada a la librería suele ser parte de un paseo que, con suerte para el librero y para el lector, derivará en ese hallazgo muchas veces inesperado con un nuevo título que nos tiente a leer (o a regalar), después de tocar, hojear, oler los ejemplares de papel. Pero la cuarentena obligatoria plantea un desafío inédito. Con las persianas bajas y el principal caudal de ingresos en suspenso, los libreros ensayan la dinámica del delivery de títulos, desde que el 13 de abril fue autorizada la venta de libros por Internet con entrega a domicilio. 

Ahora, y tras lanzar una convocatoria para que los vecinos de los barrios compren y regalen libros mediante el sistema de envíos, los dueños de los locales se llevan la grata sorpresa de que venden más de lo que esperaban, si bien subrayan que los porcentajes de venta a domicilio están todavía lejos de equipararse con lo que venden sus librerías abiertas. Buscan así seguir activos, cubrir gastos y cumplir con la cadena de pagos. 

Reciben los pedidos vía teléfono, redes sociales o mail, y se encargan de entregarlos ellos personalmente o enviarlos a través de algún servicio de mensajería, respetando los protocolos de seguridad. Algunos locales ofrecen dejar el paquete en la puerta, o en un buzón, para minimizar el contacto entre personas, y otras, como Céspedes libros, hasta incluyen un breve manual gráfico para higienizar el paquete. 

"Venimos con un ritmo vertiginoso, nos fue bien", cuenta Federico Majdalani, de Mendel. "Cada uno se las arregla como puede y habilita sus canales de comunicación. Obviamente, con la librería abierta se vende más, diría que la venta del delivery es menos compulsiva, se piden títulos específicos. El futuro dirá si esta dinámica puede convivir con las ventas presenciales: el delivery no es el objetivo de los que tenemos librerías, que preferimos el espacio físico, pero en este momento nos ayuda". 

Guido Indij, de Asunto Impreso, opina por su parte que "los compradores que van a la librería a buscar un título puntual pueden representar un 15 o 20%, difícilmente más; los demás son aquellos que se llevan un libro porque lo ven y se tientan, de manera que el volumen de la venta online no podría ser significativo, ni lo es en absoluto. Sí creo que es una manera de mantener un servicio". 

Mientras que Pablo Braun, de Eterna Cadencia, refiere que "obviamente no es lo mismo que tener el local abierto, pero estamos agradecidos de poder empezar a facturar después de un mes de absoluta inactividad y pagando los gastos fijos, algo que resulta durísimo. Nuestro sistema de entregas está en parte colapsado, porque la gente está ansiosa, pero intentamos dar respuesta a la demanda". 
 

Fuente: Clarín

Corrientes
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