Opinión

02/11/2026

Día contra la Impunidad: el 85% de los asesinatos de periodistas sigue sin resolverse

En el Día Internacional contra la Impunidad de los Crímenes contra Periodistas, una mirada sobre el silencio

Cada 2 de noviembre se conmemora el Día Internacional para Poner Fin a la Impunidad de los Crímenes contra Periodistas, y cada año el balance es parecido: informar sigue siendo una actividad de riesgo en buena parte del mundo, tanto para quien cubre una guerra como para quien investiga a un intendente en una ciudad chica. La amenaza, el exilio y la violencia letal forman parte del trabajo de demasiados colegas.

Creo que hay que decir con claridad que un ataque a un periodista nunca es solo un ataque a una persona. Lo que se le quita a la sociedad es información: la posibilidad de saber cómo se ejerce el poder, de pedir cuentas y de decidir con datos.

El problema, además, no termina en el crimen. Según la UNESCO, el 85% de los asesinatos de periodistas registrados desde 2006 sigue sin resolverse. Esa cifra explica más que cualquier discurso: si matar a un periodista casi nunca tiene castigo, el mensaje para quien quiera callar a la prensa es que se puede hacer.

La consecuencia más visible son las zonas de silencio. Cuando no se investiga ni se condena a nadie, el miedo se vuelve rutina y la autocensura ocupa el lugar de la cobertura. Hay temas que dejan de tocarse porque hacerlo cuesta demasiado: el narcotráfico, el despojo de bienes comunes, el daño ambiental, las violaciones a los derechos humanos, el desvío de fondos públicos. En Argentina conocemos bien ese camino. El asesinato del fotógrafo José Luis Cabezas, en 1997, sigue siendo un punto de referencia sobre lo que pasa cuando el poder no tolera ser mostrado.

 

GAZA: EL CASO MÁS DESCARNADO

Ningún escenario reciente expone de forma tan descarnada la urgencia de esta causa como la Franja de Gaza. Según Reporteros Sin Fronteras (RSF), más de 220 periodistas fueron asesinados allí por el Ejército israelí desde octubre de 2023, y los ataques no se detuvieron del todo con el alto el fuego. A eso se suma un cerco informativo casi absoluto: Israel mantiene vedado el ingreso independiente de la prensa internacional desde el inicio de la guerra, y la cobertura recae sobre comunicadores locales que arriesgan su vida y la de sus familias.

 

A la violencia física se suma ahora la que ocurre en línea: campañas de desinformación para desacreditar, espionaje con software malicioso, demandas abusivas para asfixiar económicamente a medios independientes y un acoso constante en redes. Las mujeres periodistas lo sufren con más intensidad, con amenazas sexuales y ataques personales que buscan sacarlas del debate público. 

Esta tecnoviolencia no es inocua: el acoso masivo, la difamación sexista y el rastreo de sus vidas privadas (doxing) buscan desplazar a las mujeres del debate público y sofocar investigaciones sobre corrupción, derechos humanos y equidad. Con casi la mitad de las periodistas agredidas forzadas a la autocensura por falta de garantías o protección estatal, la impunidad ante la violencia de género se consolida como una de las formas de silenciamiento más efectivas e invisibilizadas de la era digital.

 

VIOLENCIA DE GÉNERO: CENSURA E IMPUNIDAD

A la violencia física se suma la que ocurre en línea: campañas de desinformación para desacreditar, espionaje con software malicioso, demandas abusivas para asfixiar económicamente a medios independientes y un acoso constante en redes. Y las mujeres periodistas son quienes más lo sufren. Según un estudio de la UNESCO y el ICFJ, tres de cada cuatro comunicadoras fueron víctimas de violencia en línea; una de cada cuatro recibió amenazas de agresión física y casi una de cada cinco, de violencia sexual.

 

El mundo no puede resignarse a que la verdad sea perseguida como un delito ni a que la impunidad sea la norma que regule la libertad de prensa.

Tampoco alcanza con el relato que repiten muchos gobiernos. Se habla de ?violencia común?, de hechos aislados o de un riesgo que ?viene con el oficio?. Pero un Estado que no investiga a fondo, que no protege a quien está amenazado o que estigmatiza a la prensa desde el discurso oficial deja de ser un observador y pasa a ser parte del problema.

 

CABEZAS: EL CASO QUE NO DEBEMOS OLVIDAR

En el verano de 1996, en una playa de Pinamar, José Luis Cabezas le sacó una foto a un hombre que vivía de no tener cara. Era Alfredo Yabrán, el empresario más poderoso y más invisible de los noventa. La revista Noticias la publicó en marzo. Era solo una foto.

La historia de la foto de Yabrán que le costó la vida a José Luis Cabezas

 

Casi un año después, el 25 de enero de 1997, Cabezas salió de una fiesta y no llegó a su casa. Lo encontraron esposado, con dos disparos, dentro de un auto quemado. Lo mataron policías y civiles; la orden, según la Justicia, vino del hombre de la foto. Yabrán se mató antes de que lo detuvieran y nunca fue juzgado. Hoy ninguno de los condenados está preso.

No se olviden de Cabezas | Cultura

De ese dolor quedó una consigna, ?No se olviden de Cabezas?, y una ley que en 1997 fijó el 25 de enero como Día Nacional del Reportero Gráfico. Casi tres décadas después, sigue siendo la advertencia más clara de lo que pasa cuando una imagen incomoda al poder y la Justicia llega tarde, o no llega.

 

¿Cuánto cuesta conocer la verdad?

Tal vez la respuesta no se mida en cifras ni en expedientes judiciales, sino en algo más simple y cotidiano: en el café que se enfría en una mesa mientras alguien duda antes de mandar una nota, o en el miedo de quien mira por la ventana sabiendo que contar lo que vio puede cambiarle la vida para siempre. 

Aprendimos de la historia y de periodistas como Rodolfo Walsh,  que "el periodismo es libre o es una farsa". Que nombrar las cosas es el único modo que tenemos de no perdernos en la oscuridad. Si el precio de informar es la propia tranquilidad, la libertad o la vida misma, el costo de mirar para otro lado es habitar una casa a oscuras donde el silencio termina siendo la única historia oficial.

Frenar este círculo requiere medidas concretas: mecanismos de protección con presupuesto real, investigaciones independientes que lleguen a los autores intelectuales y no solo a los ejecutores, y voluntad política sostenida más allá de cada aniversario.

Defender a los periodistas no es defender a un gremio: es defender el derecho de cualquiera a estar informado.

Sin prensa libre, lo primero que se pierde es la verdad, y después todo lo que depende de ella.

 

José Luís Primo - Presidente de Ejes de comunicación

Fuente: José Luís Primo - Presidente de Ejes de comunicación

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