El día que cambió al mundo
A 25 años del 11S, el mundo que imaginamos que vendría no fue el que llegó
Por José Luis Primo, director de Ejes de Comunicación
Decir "11S" alcanza, en cualquier sobremesa, en cualquier redacción, en cualquier rincón del mundo, para que todos sepan de qué se habla: la mañana en que 19 terroristas secuestraron cuatro aviones, destruyeron las Torres Gemelas, golpearon el Pentágono y mataron a casi 3.000 personas.
Ese es el primer dato que hay que anotar a un cuarto de siglo de aquella mañana de hace veinticinco años, cuando el planeta entero puso el reloj en cero.
Conviene resistir la tentación de la nostalgia fácil de convertir el aniversario en un ritual de imágenes repetidas ?las torres, el humo, los papeles cayendo como una nevada gris sobre Manhattan? sin pensar en lo que vino después, porque fue el atentado terrorista más grande de la historia y, veinticinco años después, sigue siendo el punto de partida de buena parte de la política internacional actual.

LAS CONSECUENCIAS SIGUEN DEFINIENDO LA POLÍTICA INTERNACIONAL
Lo que siguió es historia conocida, aunque no siempre bien leída. Estados Unidos respondió con dos guerras: Afganistán, en 2001, e Irak, en 2003. La primera duró veinte años y terminó en 2021 con la salida caótica de Kabul y el regreso del Talibán al poder. La segunda se justificó con la existencia de armas de destrucción masiva que nunca se encontraron. Ambas costaron cientos de miles de vidas y trillones de dólares, y ninguna terminó con un resultado que pueda calificarse de éxito claro.
En el plano interno, Estados Unidos creó el Department of Homeland Security, aprobó la Patriot Act y expandió de forma permanente sus capacidades de vigilancia. Gran parte de esas herramientas y esa infraestructura de seguridad siguen vigentes hoy.
Un nuevo vocabulario de la seguridad ?aeropuertos, vigilancia, "estado de alerta"? que naturalizamos tan rápido que hoy nos cuesta recordar el mundo sin él. Y una pregunta de fondo, incómoda, que Occidente todavía no termina de responder: ¿cuánta libertad se puede sacrificar en nombre de la seguridad antes de dejar de ser lo que se decía defender?
EL ERROR DE PENSAR QUE FUE UN EPISODIO
El equívoco más extendido sobre el 11S es tratarlo como un hecho puntual, cerrado, archivado en el capítulo del "terrorismo internacional". No lo es. Fue el disparador de una reconfiguración que todavía estamos viviendo: la desconfianza estructural entre Oriente y Occidente, el ascenso de discursos identitarios que hoy atraviesan las elecciones de medio mundo, la normalización de la vigilancia masiva, la fatiga de las democracias occidentales frente a intervenciones militares sin final claro.
Y hay algo más, menos discutido en las notas de aniversario: el 11S también marcó el principio del fin de una cierta ingenuidad tecnológica. Fue, en muchos sentidos, la última gran tragedia narrada sin redes sociales, sin celulares con cámara en cada bolsillo, sin la inmediatez que hoy asociamos a cualquier catástrofe. Lo vivimos por televisión, en directo, todos mirando lo mismo al mismo tiempo. Es difícil imaginar, un cuarto de siglo después, que algo pueda volver a unificar la mirada del mundo de esa manera ?para bien o, como fue este caso, para el espanto.

LO QUE QUEDA
Ninguna generación que tenía uso de razón esa mañana necesita que le expliquen dónde estaba. Eso no se enseña en un libro de historia. Se lleva adentro: el lugar exacto, la frase exacta, el silencio que se hizo en la oficina, en el aula, en la cocina de la casa. Ese es el verdadero peso de una fecha así.
Entonces la pregunta ya no es si el mundo cambió ?eso ya no lo discute nadie? sino, si aprendimos algo. sino si aprendimos algo de ese cambio. La evidencia, lamentablemente, es mixta. Seguimos discutiendo los mismos dilemas: cuánta seguridad justifica cuánta libertad perdida, cómo se combate el fanatismo sin alimentarlo, qué responsabilidad tiene Occidente en los conflictos que después dice combatir desde afuera.
El 11 de septiembre de 2001 no fue el final de una época tranquila que merecía durar para siempre -no existía tal época.
Hoy es el recordatorio brutal de como veinticinco años, con el mundo otra vez fragmentado, otra vez nervioso, esa lección sigue tan vigente como el primer día, no alcanzó para responder las preguntas que dejó abiertas.
Alcanzaron, eso sí, para comprobar que seguían siendo las mismas.
José Luis Primo, director de Ejes de Comunicación
Fuente: José Luis Primo, director de Ejes de Comunicación






