Política

12/01/2026

Europa aprobó el acuerdo con el Mercosur y deberá ser ratificado por los Congresos

Después de 26 años, Bruselas logró aprobar un tratado entre bloques que reúne más del 20% de la economía del mundo y a 700 millones de personas.

Veintiséis años después de empezar las negociaciones, los gobiernos de la Unión Europea aprobaron ayer el acuerdo comercial con el Mercosur. Cinco países (Francia, Austria, Irlanda, Hungría y Polonia) votaron en contra. Bélgica se abstuvo. Los otros 21 suman mayoría suficiente para sacarlo adelante. 

Este paso era el más complicado de los pocos que quedan y se retrasó en diciembre a pedido de Italia. 

La presidenta de la Comisión Europea, la alemana Úrsula Von der Leyen, viajará la próxima semana a Asunción para firmar el acuerdo. 

A partir de ahí el acuerdo podrá entrar en vigor de forma provisional a la espera de las ratificaciones en los parlamentos del Mercosur y en el Parlamento Europeo, donde se espera que los favorables sean en torno al 60% de los eurodiputados. 

La Unión Europea da un paso que no se atrevió a dar en dos décadas y media porque sabe que debe buscar socios estratégicos fuera del bloque, sobre todo cuando Estados Unidos empieza a romper sus tradicionales buenas relaciones con los europeos. 

Varias generaciones de funcionarios y diplomáticos europeos y del Mercosur pasaron por unas negociaciones que se calentaban y enfriaban en función de la situación política a ambos lados e incluso de la personalidad de algunos presidentes, como el rechazo europeo a firmar con el brasileño Jair Bolsonaro. 

La historia arranca en 1995, cuando el Mercosur y la Unión Europea firmaron su primer Acuerdo Marco de Cooperación. 

En junio de 1999, en una cumbre en Río, ambas partes acordaron empezar a negociar un Acuerdo de Asociación que incluía una pata comercial y otra política. Las negociaciones arrancaron oficialmente en abril de 2000. En septiembre de 1999 los gobiernos europeos dieron permiso a la Comisión Europea para empezar a negociar. 

Durante la primera década del siglo XXI se repitió un patrón. Cada vez que se acercaban los negociadores en los temas arancelarios parecían problemas con los sectores agropecuarios porque el proteccionismo tradicional europeo chocaba con las intenciones exportadoras de los países del Mercosur, que tampoco se mostraban dispuestos a abrir sus mercados a las automotrices europeas. 

Europa cometió un fallo en 2007 al ofrecer un acuerdo por separado a Brasil, que molestó a los demás países del bloque y que Brasil terminó por rechazar. 

En 2010, tras las elecciones europeas de 2009, la Comisión Europea reactivó las negociaciones y empezó a organizar rondas de negocia-ciones para los temas que generaban más dificultades. 

En mayo de 2016 llegó un momento importante cuando se inter-cambiaron nuevas ofertas de ac-ceso a los respectivos mercados y se aceleraron las negociaciones sobre aranceles y cuotas. Mien-tras, seguían las reticencias en los países europeos con sectores agrope-cuarios que veían con peores ojos el eventual acuerdo, principalmente Francia, pero también otros como Irlanda, Polonia o Austria, que hoy terminaron por votar en contra. 

El 28 de junio de 2019, tras 20 años MAUDITE SOIT LA GUERRE ECONOMIQUE ET SANITAIRE de negociaciones, llegó el primer "acuerdo de principio", adelantado de madrugada en Bruselas y formalizado en una reunión del G20 en Osaka (Japón). Ese acuerdo, que murió porque la Comisión Europea nunca lo puso a votación de los gobiernos porque temía que fuera rechazado, es la base del actual. 

El lanzamiento del Acuerdo Verde Europeo metió en la agenda consideraciones medioambientales que antes no habían aparecido y que hubo que añadir. La negativa de Bolsonaro a cualquier política medioambiental ?e incluso sus insultos a la esposa del presidente francés Emmanuel Macron? hicieron fracasar aquel acercamiento. 

En 2023 se arrancó de nuevo. La Comisión Europea presentó al Mercosur una serie de anexos y protocolos sobre protección medioambiental, sostenibilidad y deforestación que Brasil y Argentina consideraron exigencias desproporcionadas. Bruselas los corrigió ligeramente. 

Afínales de 2024 se cerró el texto en Montevideo, ya con Javier Milei en el poder y tras la vuelta de Lula a Brasil. 

Desde entonces la Comisión Europea ha ido pacificando el ambiente político para sacar adelante el acuerdo otorgando ventajas económicas a sectores agropecuarios y con mecanismos de salvaguardia que podrían suspender partes del acuerdo. 

El voto de ayer marca el fin de ese proceso. La Unión Europea y el Mercosur tendrán su ansiado acuerdo, el mayor tratado comercial del planeta, que reúne más del 20% de la economía del globo y a más de 700 millones de personas. 

La Unión Europea tiene decenas de acuerdos comerciales bilaterales con países de forma individual, nunca con un bloque. Los tiene con países pequeños y cercanos, pero también con potencias regionales medianas como Japón, Canadá o México, pero Mercosur era distinto porque se entendía que Europa discutía con el bloque que por cultura política y por herencias histórica más se le parece. 

Además, el acuerdo sirve a los europeos para mantener una pata en la región cuando la cuota de mercado de China con el Mercosur es cada vez mayor y justo cuando vuelve un Estados Unidos neoimperialista que pretende controlar el continente desde Groenlandia hasta la Tierra de Fuego. 

Es mucho más que un acuerdo comercial, es la apuesta de los dos bloques por un mundo de leyes y pactos frente a los nuevos grandes predadores. 

Desde el punto de vista europeo el acuerdo viene cargado de buenas noticias: Las empresas europeas se ahorrarán anualmente unos 4.000 milones de euros en aranceles. 
La industria europea de autos, piezas, maquinaria, farmacéutica, textil o química tendrá acceso preferente al mercado de Mercosur. 
El acuerdo permite asegurar una diversificación de inversiones y darles seguridad jurídica, para evitar momentos de tensión como la expropiación argentina de Repsol-YPF. 
Europa abre su mercado retirando el 92% de los aranceles que hoy cobra a empresas de Mercosur, pero manteniendo cuotas en sectores agropecuarios y salvaguardias. 
El punto más polémico, el del vacuno, se cierra con una cuota anual de 99.000 toneladas con un arancel del 7,5%. 
En carnes de ave la cuota sin arancel, que se irá retirando progresivamente en cinco años, es de 180.000 toneladas. 
Europa acepta 180.000 toneladas de azúcar de caña (principalmente brasileña) sin arancel. 
En etanol, otro de los insumos conflictivos, se establece una cuota de 450.000 toneladas sin arancel para el etanol de uso químico y 200.000 toneladas con arancel reducido "para otros usos".

Fuente: Clarín

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